viernes, 5 de diciembre de 2014

El matrimonio entre la comunidad y el teatro

EL CASAMIENTO DE ANITA Y MIRKO

Desde hace 14 alos hay fiesta en Barracas con esta obra emblemática que se propone la fiesta como lugar de encuentro y creación colectiva. Comer, bailar, divertirse y más.


El barrio de Barracas, Ciudad de Buenos Aires, tiene el record de casamientos del país: desde hace 14 años allí se casan Anita y Mirko en una ceremonia que, semana tras semana, convoca a cientos de invitados. El fenómeno tiene nombre: El casamiento de Anita y Mirko fue la obra de teatro comunitario que parió el Circuito Cultural Barracas en el 2000 como una excusa para generar un espacio de encuentro, intercambio y diversión que amortiguara la crisis neoliberal que, como la borra de un café, no había tocado el fondo pero ya dejaba huellas. La fórmula que crearon los vecinos fue medicina para curar el agobio y la desesperación. Y captó una necesidad que flotaba en el aire: jugar y divertirse con otros, a tal punto que, desde entonces, cada función agota sus localidades. Sábado tras sábado, durante catorce temporadas: un panorama de la potencia del teatro comunitario. Y de la capacidad creativa de eso que los medios comerciales se empecinan en llamar “la gente común”.
Así, los vecinos forjaron una obra que reproduce un casamiento, en el que actúan más de cincuenta vecinos-actores y en el que público que asiste también es protagonista y participa de una fiesta en la que comparte la mesa con otros, baila, cena y se entretiene.
El resultado es gente que fue hasta cinco veces a ver la obra para ser parte del hecho vivencial.
El resultado se ve a la salida y tiene un verbo acompañado de un sustantivo: salir transformado.
El resultado es nuevo paradigma: la recuperación de la ceremonia teatral.

¡Vivan los novios!
 Es sábado a la noche, hay un leve viento que más que eso es un aire plácido y compasivo, y en Iriarte y Vieytes hay una fila como las que hay en cualquier teatro para ver cualquier función. La diferencia es que este no es cualquier teatro, ni cualquier función: el público no será espectador, sino protagonista de un casamiento que unirá a dos familias dispares –italiana la de la novia: cálida y bochinchera; de origen ruso la del novio: fría y parca– que compartirá la noche en el salón de fiestas de las cuñadas, al que llaman La Taffié de tu Barrió.
El público es, entonces, parte de la fiesta: preparate.
Antes de entrar, familiares de la novia (integrantes del Circuito) se acercan a los invitados (el público) y le dicen cosas como éstas: “Ay, ¿ustedes son los primos de zona sur? ¿Llegaron bien?” o “Roberto, ¿cómo estás, tanto tiempo? Qué bueno que viniste”: acaba de comenzar el show.
Luego, como en todo casamiento, en la entrada hay una persona con una lista con los nombres y los números de mesas asignadas. Al rato, estás sentado en una mesa de ocho, seguramente con gente que no conocés, con los que al principio surgen diálogos de compromiso –como en toda fiesta–, pero después sentís que los conocés desde siempre. Mientras se espera la llegada de los novios, llega la comida y la bebida, por lo que queda garantizada una de las cuestiones que más valoramos de las fiestas de casamiento (confesémoslo). Llegan los novios, arranca la música y no hay forma de que permanezcas sentado: arranca la joda, se arma trencito, selfies, rondas y pasos de baile (aparentemente) sincronizados. A esa altura ya no tenés idea quiénes son los actores y quién es parte del público porque ambos conforman un todo: otra de las potencias del teatro comunitario.
Todo el tiempo se te pierde de vista que estás dentro de un espectáculo teatral. Lo que sentís es que te invitaron a un casamiento al que no le falta ninguno de sus rituales: baile, video de los novios, vals, ramo, torta, shows musicales. Cada instancia tiene una magnífica interpretación de los vecinos que, por un rato, dejan de lado sus ocupaciones: el taxi, los quehaceres domésticos, el negocio, la escuela o el consultorio, para actuar, compartir, jugar e inventar una fiesta que confirma que la alegría y la celebración colectiva son un elemento de resistencia, construcción y transformación social.

Talento colectivo
Ricardo tiene un apellido que lo define: Talento. El suyo interpela la aparente capacidad individual del artista y, en contraposición, se construye en el hacer con otros, con la comunidad: ése es su recurso. Es uno de los fundadores del Circuito y su director general. Tiene el pelo blanco y un bigote ídem, ancho y movedizo, a lo David Viñas. Cuando habla, se le escapa una risa cómplice aunque esté diciendo una reflexión profunda. En ese detalle y en la predisposición empática que tiene con el otro se percibe su calidad humana: infinita. Ahora, está sentado junto a Corina Busquiazo, directora de la obra y todo entusiasmo, constancia y generosidad, tirando pistas para entender estos catorce intensos años de casamientos. “En este tiempo cambió el clima político y el social, pero sigue esa necesidad de jugar, aunque sea por dos horas, a que no tenemos paranoia el uno del otro. En el fondo, el Casamiento es una ficción: ficcionamos que nos conocemos, que nos podemos divertir juntos, que podemos compartir una mesa sin que nos conozcamos”.
Agrega: “Esto que nació como una necesidad en tiempos muy difíciles, sigue siéndolo hoy porque seguimos aislados y el sector medio más que ninguno: cuando le va bien, cree que es sólo por mérito suyo, no relaciona las circunstancias políticas y sociales; cuando le va mal, se suicida porque cree que le pasa a él sólo. Es el verdadero sector vulnerable, el que está más en riesgo con respecto a su eje cultural, su pensamiento político e ideológico: puede apoyar a los piqueteros o mandarlos a matar”.
Talento rescata, además, la ceremonia celebrativa propia del teatro comunitario: “El teatro es la última ceremonia humana que le queda al ser humano. Cuando la comunidad la toma, vuelve a darle encarnadura, sentido. Porque a veces el teatro se vuelve una ceremonia hueca, no de comunicación sino de exhibición: de habilidades, de construcciones artísticas. Una de las cosas por la cual el teatro comunitario tiene tanta repercusión en el público es porque, al tomarlo la comunidad, vuelve a tener sentido esta ceremonia celebrativa: el vecino produce con otro vecino, que es el espectador: hay empatía y todos juntos estamos participando de un hecho colectivo”.
Él mismo se pregunta y se responde: ¿Por qué sigue viniendo el público a ver el Casamiento? Porque en su propio barrio están aislados de su comunidad, de su vecindario y este encuentro produce cambios: sorprende cómo entra la gente y cómo sale”.

–¿Cómo entra y cómo sale?
–Cuando entra, está como en cualquier cola de una obra de teatro porque a esta altura el público no es sólo gente del barrio. Viene con toda la expectativa del que va al teatro. Como ensayamos antes, dicen: “¿Cómo? ¿Había otra función antes?”. “No, estamos ensayando”, respondemos y nos dicen: “¿Y ahora se les ocurre ensayar”? Está esa tensión de exigencia, de “yo pagué mi entrada”. Después de dos horas es como que le damos vuelta la cabeza: salen de otra manera. Eso es un hecho que produce este espectáculo. A veces viene la gente de teatro y está esperando el mensaje, el texto elaborado. Y no. Justamente lo que produce el casamiento es todo lo contrario: el hecho en sí es lo que produce la transformación. Y eso desconcierta.
“En lo sencillo está lo profundo”, agrega Corina.

Redes sociales
En El Casamiento de Anita y Mirko no faltan: la tía solterona, un tío gay, algún flechazo ocasional entre integrantes de las dos familias, el cura, los reproches intra familiares y las caracterizaciones estereotipadas de rusos y tanos. Además hay música en vivo, comida que preparan los propios vecinos y mucho baile. La enumeración demuestra la producción colectiva que sustenta el espectáculo. La calidad artística es, también, una de las cualidades que permite que la obra tenga el mejor de los elogios: el boca en boca.
Dice Corina: “Es un espectáculo que mucha gente lo ve y dice: ‘Yo también podría estar del otro lado’. Abre una puerta para venir a participar”. “Que el vecino, cuya mayoría es de sectores medios, esté un sábado a la noche maquillándose, cambiándose con otros, que haya familias enteras, que exista un intercambio generacional, es un hecho revolucionario”, aporta Talento. Corina menciona, entonces, la mixtura de ocupaciones, sectores sociales, etarios e ideológicos que conforma el grupo. Agrega Ricardo: “En la obra no podés distinguir qué laburo hace cada uno. En el teatro comunitario eso es fantástico porque no se dan los roles de acuerdo al status social. Ahí también hay puentes que no existen en otro lado. ¿Dónde se van encontrar un físico, con un ingeniero en electricidad, con un taxista, con un maestro y con otro que vive en la villa? Estamos compartiendo una construcción colectiva y a la vez interrelacionándonos”.
Ambos, señalan: “Todos los personajes tienen tres o cuatro versiones. Ahí se rompe el ego: no hay dueños de los personajes. Al vecino le viene bárbaro, porque descansa y participa en el juego con el espectador, pero no siente el protagonismo de estar culturalizando a nadie”.

El público y la cartera
Después de catorce años viendo la reacción del público en el show, Ricardo y Corina están en condiciones de trazar un estudio sociológico sobre su comportamiento: les sobran elementos. Cuentan: “La gente llama a la boletería y dice:
–Somos cuatro, ¿podemos tener una mesa para cuatro?
–No, las mesas son para ocho personas.
–Ay, ¿pero no podrán hacer una especial para cuatro?
–No, las mesas están dispuestas así.

“Es muy profundo el tema –afirma Talento– porque revela las dificultades para estar sentado un rato con alguien que no conocen. Te piden todo tipo de seguridades: qué se come, cómo venir, cómo llegar. Eso es profundamente cultural. ¿Por qué se exigen tantas garantías para venir a Barracas? Yo si voy a Palermo no llamo al lugar para ver cómo llego. Acá llaman y preguntan cómo llegar desde Capital, como si Barracas no lo fuera. Esa pregunta comenzó a surgir hace cinco años y es como que culturalmente se escindió a los barrios del sur del resto de la ciudad. A veces cuando termina el Casamiento nos preguntan cómo volver a Capital y yo los cargo: les digo que salgan a la vereda”.
Las palabras de Ricardo Talento exponen otras de las potencias del teatro comunitario: el cimbronazo que genera la posibilidad de trascender desde su lugar de origen, desde la periferia hacia el centro aunque a esta altura del partido habría que redefinir, en términos culturales, cuál es la periferia y cuál el centro: qué es figura y qué es fondo.
Talento continúa con su análisis sociológico: “Esto de sentarse con un desconocido, que parece una tontería, es interesante porque después hay un tránsito en el que se terminan cambiando los teléfonos, se pasan los mails: no se conocían pero bailaron y comieron juntos. La ceremonia produjo un cambio, por lo menos rompió el concepto de paranoia”. “El espectáculo, en este juego, les da vuelta la cabeza. A los 20 minutos está el primer baile, yo observo mucho cómo salen a bailar y ya dejan la cartera colgada en la silla: algo ya cambió porque jamás alguien del sector medio dejaría la cartera e iría a bailar. Es que entró en el código y se dio cuenta que está en otro lugar. En el fondo, con el espectáculo estamos diciendo hay otra forma de relacionarse, de divertirnos, de conocernos: no le tengamos miedo a esa forma”, dice Ricardo, entusiasmado.

El germen
En todos estos años de recorrido, El casamiento de Anita y Mirko tuvo varias modificaciones en su dramaturgia, que se fue potenciando. Corina cuenta que, en un momento, las que servían las mesas eran vecinas-actrices que hacían de mozas, como hijas del dueño de un salón alquilado. “Era terrible porque el público creía que eran mozas de verdad y las maltrataban. Terminaban llorando porque un tipo les decía: ‘Esto no tiene sal’. Entonces cambiamos la estructura y ahora las que sirven las mesas son familiares de los novios. Entonces, si alguno se pone medio denso con que está frío o que quiere más sal, le dice: ‘Ay, pero escuchame, Alberto: tenés tantas vueltas. Si vos en tu casa nunca comiste con sal, ¿qué me decís?’”. Como ésa, el texto fue teniendo algunas adaptaciones, además de las particularidades que les da cada interpretación.
Antes de partir el espectáculo, el Circuito Cultural Barracas organizaba todos los meses un ciclo que llamaban Corto-Circuito en el que representaban distintos rituales: una feria, un club de barrio, un casamiento, una clase en una escuela: ése fue el germen que, luego, se transformó en El casamiento de Anita y Mirko.
La desmesura es evidente: un estreno teatral por mes para, posteriormente, parir un espectáculo que lleva catorce temporadas en cartel. “Un vecino decía: ‘Nos tiene que ir bien porque parece que siempre la fiesta está en otro lado. ¿Por qué nosotros no podemos generar y ser protagonistas de una fiesta?’”, narra Talento. Otra vez, la risa cruza la frontera del bigote y contagia a quienes lo escuchan. Con el mismo impulso, añade una síntesis que resume los catorce años de éxito teatral y social: “La fiesta es una forma de resistir y de construir desde la alegría y el encuentro”.

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(Publicada en la revista MU, diciembre de 2014)

domingo, 5 de octubre de 2014

Vía libre y comunitaria

CRUZAVÍAS

El grupo de teatro comunitario de 9 de Julio se propuso unir dos realidades separadas por una vía de ferrocarril. El resultado es una fiesta de la que participan cien vecinos

Alejandra Arosteguy es un arcoíris: está llena de color. Su pelo colorado combina con sus ojos verdes, con su sonrisa blanca y transparente, con su corazón rojo y su esperanza turquesa. Es de esas personas que hacen todo con tanta pasión que la contagian. Contagiar es un verbo que también combina con ella, sobre todo al lado de sustantivos como entusiasmo, alegría, vida.
La puerta de su casa, en 9 de Julio, provincia de Buenos Aires, tiene escrita la estrofa de una canción de Silvio Rodríguez: “Mi casa ha sido tomada por las flores”. Adentro, hay luz, hay armonía y una música de violines que alivia y flota como una burbuja. Ceba mate con deseo, otra palabra que le combina.
Si corremos el almanaque hasta 2002 la vemos yendo a participar de las actividades culturales de la Semana por la Memoria, en La Plata. La vemos anotarse en el taller de teatro comunitario que dictaban Adhemar Bianchi y Ricardo Talento, directores de los grupos Catalinas Sur y Circuito Cultural Barracas. La vemos viendo El Fulgor Argentino, espectáculo de Catalinas sobre la historia del país. La vemos participando del taller que le volará la cabeza y hará que todas las piezas del rompecabezas de lo que hizo, lo que fue, de lo que es y de lo que quiere hacer se junten en eso que –vemos– ella está viendo: el teatro comunitario.
Luego, veremos que junto a Mabel Bicho Hayes impulsarán el grupo de teatro comunitario de Patricios, un pueblo de 9 de Julio de no más de 700 habitantes. Le veremos contagiar el entusiasmo, la alegría, el deseo: las palabras que combina con encanto y naturalidad. Y la veremos en 2004 crear el grupo Cruzavías de 9 de Julio, en el barrio Ciudad Nueva, la parte de la ciudad que reúne todas las estigmatizaciones y que se encuentra cruzando la vía del ferrocarril. “Sentimos que la ciudad está muy dividida de un lado y del otro de las vías. Nuestra intención es que la vía una y no separe: ser un puente entre el centro y el barrio”, sostiene ahora, en su casa y con el mate en las manos.

Crear para vivir
Diez años después de su surgimiento, Cruzavías no sólo está consolidado sino que, a través del arte, logró hacer más difusa la frontera geográfica y simbólica que separa la parte céntrica de la ciudad con la que no tiene calles asfaltadas, ni gas natural ni cloacas. Alejandra resume lo que generó el grupo durante su década de vida: “Una de las cosas más importantes es que el barrio es muy conocido por Cruzavías, lo que significa que allí pueden pasar cosas buenas. Eso rompe con los prejuicios y el estigmatismo que el imaginario colectivo le adjudica a Ciudad Nueva. Por primera vez, gente del centro cruzó la vía, para ver una obra. Y, además, la propia mirada de los vecinos se empoderó: pueden hacer otras cosas. Mucha gente del barrio nunca había atravesado una experiencia artística: ni como protagonista ni como espectador. Que la comunidad protagonice sus propios espectáculos genera un espacio de pertenencia increíble. La voz que habla es la de todos. Y cada uno siente que puede participar, opinar, proponer”.
Para generar estos cambios trabajaron incansablemente. La primera obra que crearon se llamó Romero y Juliera, una parodia de Shakespeare en la que una chica del barrio se enamoraba de un chico del centro. Allí visibilizaban los prejuicios que había a ambos lados de la vía. Realizaron la obra durante cuatro años, interpelando a toda la ciudad. Luego, estrenaron Descolgados en la que abordaron las tres grandes problemáticas que afectan al barrio: la laboral, por la desocupación; la educacional, por la gran deserción escolar; y la de género, por los casos de violencia hacia las mujeres. Contar artísticamente esos conflictos fue una manera de trabajarlos, exponerlos y buscar soluciones. Desde 2013, están buceando en la identidad del barrio: ése será el núcleo del próximo espectáculo en el que aspiran poder contar su historia para consolidar su identidad.

La cultura es la sonrisa
Junto al teatro comunitario, Cruzavías trabaja otras expresiones artísticas que fueron surgiendo por inquietudes colectivas. Una de ellas se llama Los pibes de la Ventana y se trata de teatro para chicos. Alejandra cuenta cómo surgió: “Hace cinco años ensayábamos en un espacio que tenía ventanas hacia la calle. En el barrio hay muchos chicos que juegan en la calle todo el día. Cuando ensayábamos se llenaba: se ponían a mirar porque les llamaba la atención. Así que armamos un espacio para trabajar con ellos. Hoy lo integran 15 pibes que están trabajando súper comprometidamente y ya tienen su obra nueva”.
Además, crearon una Juegoteca para chicos de 6 a 10 años: un espacio destinado al juego y la creación artística. Y también hacen circo para adolescentes. Dice Alejandra: “Para nosotros, el trabajo con los chicos es muy importante. En el barrio no hay ningún tipo de propuesta. Es la calle o algún taller, pero vas un rato y no a construir. Nosotros apuntamos a la construcción, a tener un proyecto común. Los pibes están re ávidos, tienen mucha energía y se enganchan”.
Entre todos, construyen, así, no sólo una propuesta artística para el barrio sino que la protagonizan. Alejandra afirma que la metodología de trabajo es hacer, pensar, hacer. “Hacemos, reflexionamos sobre lo hecho y seguimos haciendo”, sostiene. Agrega: “Lo que más nos entusiasma es cuando ponemos toda la energía en crear colectivamente: esa construcción te involucra íntegramente como ser humano”.

El naufragio individual
Comienzan a caer las primeras gotas de lluvia, tenues. Es un domingo grisáceo y húmedo. La lluvia riega la calle, afuera, y adentro Alejandra pone la pava en la hornalla, otra vez. Por unos minutos se desentiende del mate y brinda más pistas sobre el universo teatro comunitario: “Cada vez que voy a Buenos Aires me junto con Ricardo Talento. Dentro de la Red de Teatro Comunitario funciona mucho el apoyo de grupo a grupo, lo que es espectacular. El tema de la solidaridad y la no competencia entre grupos no se da en otros lados. La maravilla colectiva te entusiasma y te hace despertar cosas dormidas: el teatro comunitario logra la integridad en lo colectivo. Lo que se siente cuando uno sale actuar en una obra de teatro comunitario es imposible de definir: estás cantando y actuando lo que pensaste, debatiste, te peleaste y acordaste con otros. El gran protagonista es el grupo”.
Alejandra afirma que lo colectivo es el sostén de lo individual, el barco que lo rescata del naufragio. En Cruzavías, directa e indirectamente, hay casi cien socorristas que, juntos, constituyen la cuadrilla de rescate contra el individualismo. El grupo ambiciona construir un centro de arte y comunicación popular y comunitaria, para provecho de los vecinos. El proyecto que ambicionan era imposible siquiera de imaginar cuando Alejandra comenzó a convocar a los vecinos, diez años atrás. Para hacerlo usaba la salita sanitaria en contraturno, gracias a que una amiga enfermera le dejaba usar la sala de espera. Desde entonces corrió mucha agua bajo el puente. El agua: trabajo, construcción, paciencia, constancia.

La gestión es un recurso
Alejandra cree que para que el crecimiento se pudiera sostener fue importante –lo es– la gestión del grupo. Por eso, cada espacio está coordinado por tres personas y, además, existe un grupo dedicado a la gestión de recursos. Colectivamente, entonces, organizan una actividad por mes para generar ingresos: una lentejeada o una cantina. Los encuentros sirven, además, para invitar más vecinos al proyecto. Además, el año pasado acordaron solicitar apoyo del municipio y del Concejo Deliberante. Para concretarlo, les pidieron que los atiendan. “Convocábamos a una reunión y lo sacábamos en los diarios: si nos decían que no, debían dar explicaciones a todos”, dice Alejandra. Para esas reuniones –nadie se animó a no recibirlos– debieron sistematizar todo lo hecho. “Nos juntamos con el grupo de Patricios y pasamos todo lo que hacíamos a números: de gente, de impacto económico. Nos costó, pero fue algo bueno para nosotros. Además logramos que incluyeran dentro del presupuesto del municipio un apoyo económico mensual con la garantía de que eso no influyera en lo artístico”.
Esos recursos les permiten sostener las actividades e imaginar las próximas. Y cruzar otra frontera: la de las supuestas cosas imposibles. Porque como sostienen en una de sus canciones “Al final, en esta vida, somos todos bastante cruzavías”.

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FB: Teatro Comunitario Cruzavías

(Publicada en la revista MU, octubre 2014)

viernes, 5 de septiembre de 2014

Un pueblo de película

ARTE COMUNITARIO TIMOTENSE

Comenzaron con un espectáculo que contaba la fundación del pueblo y con ese impulso saltaron al cine. Ahora van a filmar su hito más polémico: el secuestro de Aramburu.

Había una vez un pequeño pueblo que tenía un cine-bar. El dueño era un bonachón de 150 kilos que mezclaba las proyecciones y la gastronomía: paraba la cinta en medio de cada película, gritaba “intervaaaalo” e invitaba a la gente a que comiera y tomara en su bar. Luego reanudaba el film. Este padre del marketing moderno tenía un cómplice de 9 años, un pibe que vivía en la misma cuadra y en cada intervalo subía la inestable escalera de madera que separaba el bar de la cabina de proyección con dos helados palito que la mujer del dueño mandaba para él y su marido.
La historia no es una escena de Cinema Paradiso, el célebre film italiano; ni la historia de Alfredo y Totó, sus protagonistas; tampoco recrea la Sicilia de posguerra. Esta historia ocurrió, treinta años atrás en Timote, un pequeño pueblo del Partido de Carlos Tejedor, provincia de Buenos Aires, y los protagonistas eran El Gordo López, el dueño del cine, y Bruno Rodríguez, su compinche.
Los años pasaron. La familia López se fue de Timote; el cine El Moderno cerró sus puertas –en su lugar funciona un bar, “El Viejo Cine”– y Bruno Rodríguez me está convidando un mate, en su casa, mientras me cuenta la historia.
Bruno es veterinario pero ése no es el final de la fábula porque, además, se convirtió en el director de Arte Comunitario Timotense, el grupo con el que los vecinos decidieron contar su historia: ya hicieron una obra de teatro y una película sobre el origen del pueblo y están grabando escenas de su segundo film: la historia del asesinato de Aramburu en “La Celma”, una quinta de Timote.
En el pueblo ahora no hay cine pero los vecinos están de este lado de la pantalla: son los protagonistas.                                                                          
Hay legados que son de película.

PROTAGONISTAS DE SU HISTORIA
La historia de Arte Comunitario Timotense tiene un hecho fundante: el centenario del pueblo, en 2005. Varios vecinos se juntaron en una comisión para preparar los festejos. Allí Rodríguez propuso “hacer algo artístico para contar la historia de Timote”. Hubo quorum, así que convocaron a los que tuvieran ganas. Había entusiasmo pero poco tiempo: era enero y los festejos, en marzo. A la primera convocatoria fueron veinte de los 450 vecinos. Eran pocos, pero los suficientes para contagiarse el entusiasmo y tratar de desparramarlo a los demás. El mejor medio de comunicación del pueblo, de boca en boca, hizo el resto: la bola se corrió y noventa vecinos terminaron actuando en la fiesta del pueblo, con un espectáculo creado y sostenido comunitariamente que incluía caballos y carruajes en escena, ropas de época, un fortín y un rancho, música, danza, poesía: algo inédito. Fue un éxito. Como las películas que se pasaban en El Moderno.
Después del estreno, el elenco tuvo su celebración interna y en unas de ellas alguien dijo: “Es una lástima que esto se termine acá. Tendríamos que pensar en seguir”. La respuesta fueron funciones en Tejedor –cabecera del Partido–, y en Patricios, 9 de Julio, La Pampa: otros pueblos con grupos de teatro comunitario. Ésa fue la primera red que los abrigó y los potenció. Dice Bruno: “Cada presentación era un despliegue impresionante, éramos más de cien personas. Un tipo que tiene una empresa de transporte nos llevaba los caballos, la municipalidad nos daba dos micros para viajar… era un evento social porque se sumaban las familias”.
La obra –cuyo nombre es Y serás la patria, basada en el libro homónimo de otro timotense, el escritor José Adolfo Gallardou, padre del actor y director Claudio Gallardou (vicedirector del Teatro Nacional Cervantes)– cuenta la historia del pueblo: la fundación del fuerte “Capitán Timote” por el general Villegas, en el marco de la Conquista del Desierto, y la lucha del cacique Pincen, el último de los caudillos de los indios pampas.
La obsesión por la verdad histórica hizo que el grupo lograra ubicar, en Trenque Lauquen, al bisnieto del cacique, Lorenzo Cejas Pincen. “Me pongo en contacto con él y lo invito a participar de la obra, así que hicimos presentaciones  a las que vinieron la comunidad de indios pampas con el bisnieto en el papel de Pincen”, dice Bruno.
Cada función era un espectáculo artístico, histórico y reparador.

LOS FRUTOS
El hogar de Bruno Rodríguez se parece a él: es prolijo y plácido. Susana, su compañera, ceba mates. Delifna y Simón, sus hijos, se divierten en silencio. Afuera el viento sopla con intensidad. No sopla: sacude.
A la par del espectáculo teatral, decidieron sumar algunas escenas de cine para intercalarlas –en pantalla grande– en medio de la obra: un recurso que no sólo les permitía combinar ambas expresiones sino ordenar los cambios de vestuarios y maquillaje entre cada escena.
Con las primeras filmaciones hicieron un corto que se llamó Santillán, sobre un militar desertor de la Campaña del Desierto. Tanto se entusiasmaron que, finalmente, terminaron haciendo una película –Pincen, cacique de las pampas, sobre su historia– en la que actúan 160 de los 450 vecinos del pueblo: nadie quería perderse la posibilidad de protagonizar la fundación de Timote.
Bruno: “Ninguno de nosotros tiene la más mínima preparación. Ninguno estudió nada: ni guion, ni dirección, ni cámara, ni edición, ni teatro: son horas de esfuerzo”.
El esfuerzo logró convocar para la película al bisnieto del cacique, a Osvaldo Bayer –es antológica su escena en la que increpa a Roca por el genocidio contra los pueblos originarios– y a los actores profesionales Juan Palomino, Raúl Rizzo, Claudio Gallardou y Eduardo Blanco quienes actuaron a la par de los vecinos.
La película pone en el mismo lugar a actores profesionales y vecinos-actores para contar la lucha desigual del cacique Pincen frente al genocidio planificado por el gobierno central. Todo, fruto de una producción colectiva de gran ingenio y calidad. “El secreto es la continuidad, el compromiso y la seriedad de todos”, sostiene el director del grupo.
Así, se involucraron en la recuperación de la estación del ferrocarril, totalmente abandonada luego de que se desmantelara esa ruta. El abandono del Estado y la desidia se convirtieron, por la acción de los vecinos, en el Centro Cultural Comunitario: el punto de encuentro del grupo, pero también en el Museo Histórico Ferroviario, con muestras permanentes de la historia de Timote en general y del ferrocarril en particular. La sala de espera por momentos se convierte en microcine y, periódicamente, expone los trabajos realizados por quienes asisten a los diferentes cursos de Formación Profesional que allí dicta la Municipalidad.
Recuperaron el espacio y generaron trabajo: la labor de Arte Comunitario Timotense logró dos puestos para los vecinos: un coordinador del espacio y una persona encargada de la limpieza general. Los logros les dieron fuerza. Ahora están trabajando para que la vieja estación se convierta, además, en un lugar de hospedaje para ocasionales visitantes: en Timote no hay ninguno.
Además, en 2008, lograron rebautizar la plaza que llevaba el nombre del general Pedro Eugenio Aramburu, impuesto por el gobernador militar Ibérico Saint Jean, en 1980. Ahora lleva el nombre de Roberto Aldo Bordoy, un soldado fallecido en el hundimiento del crucero General Belgrano, durante la guerra de Malvinas. Para concretar el cambio, los vecinos hicieron una consulta en la que consiguieron más de 200 firmas de entre los 400 habitantes del pueblo. Con ese aval, llevaron un proyecto al Concejo Deliberante, donde la propuesta se aprobó por unanimidad.
La otra pelea en la que están involucrados es mejorar los 18 kilómetros del camino que une el pueblo con Tejedor, y que en cada inundación los deja aislados.

LOS MUERTOS QUE HABLAN
A mediados de 1970, Timote tuvo repercusión nacional: cuatro policías locales encontraron en la quinta “La Celma” el cadáver del ex dictador Aramburu, asesinado en un “juicio revolucionario” por la organización Montoneros tras la denominada “Operación Pindapoy” con la que se dieron a conocer. Aramburu fue ejecutado el 1° de junio, tras haber sido declarado culpable, entre otros hechos, del fusilamiento del grupo que había intentado un levantamiento contra la denominada Revolución Libertadora, en 1956; y de la desaparición del cadáver de Eva Duarte.
“La Celma” era una quinta de los padres de Carlos Ramus, uno de los integrantes de Montoneros. Hasta allí llevaron a Aramburu, Ramus, Mario Firmenich, Fernando Abal Medina y otro integrante de la organización, luego de secuestrarlo en su casa de Recoleta, el 29 de mayo de 1970. La historia aún despierta intensos debates entre los vecinos de la zona.
La polémica no impidió que Arte Comunitario Timotense haya decidido que ése sea el eje de su próxima película, que aspiran estrenar el año que viene cuando el grupo cumpla diez años y Timote 110. “Los vecinos tenemos el suficiente derecho a contar esta historia", sostiene Bruno.
El film buscará darle una impronta local, recurriendo a la memoria colectiva, y centrando la historia en el Vasco Blas Acébal, el casero de la propiedad que siempre juró no saber nada del secuestro y fusilamiento, y que apareció muerto dos meses después del asesinato de Aramburu. Según la autopsia, la muerte se produjo por un paro cardíaco no traumático, pero unos meses después un diario de Buenos Aires afirmó que había sido asesinado de un balazo. El cuerpo de Acébal fue exhumado y se comprobó que no tenía ningún orificio de bala.
Dice Bruno: “Poder plasmar en un espacio comunitario las inquietudes del lugar al que pertenecés, contando la historia con los personajes del lugar tiene un grado alto de emotividad. Esa emotividad aparece en nuestras producciones porque es cómo lo vivimos”.
Los vecinos se convertirán, otra vez, en protagonistas de su propia historia. Ésa es la fábula que eligieron para vencer al olvido: contarse a sí mismos.

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FB: Arte Comunitario Timotense


(Publicada en la revista MU, septiembre 2014)

Nuevos periodistas y comunicadores para nuevos medios

Presentación de la futura carrera de Comunicación de las Madres

En el marco del I Congreso de Comunicación y Periodismo tuvo lugar la presentación de la futura carrera de Comunicación de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.
El panel estuvo integrado por Gonzalo Seoane y Luis Zarranz, integrantes del equipo de Prensa Madres y responsables del diseño de la carrera; Germán Ibáñez, secretario académico, y Maricruz Méndez Karlovich y Alejandro Giuffrida, miembros del equipo técnico de educación del Senado de la provincia de Buenos Aires y colaboradores en el armado del plan de estudios.
Al comenzar, se informó que la carrera será una Licenciatura en Comunicación, de 5 años, con un título intermedio en Periodismo a los tres años de cursada.
Alejandro Guiffrida sostuvo que “es una carrera que plantea la dimensión de los derechos humanos de un modo transversal en todas sus materias. La idea no es generar filósofos comunicadores para que después debatan en círculos cerrados, sino profesionales que ejerzan la profesión y que estén formados en una dimensión en derechos humanos”.
Luego, Maricruz Méndez brindó detalles del Plan: “La licenciatura tiene 34 materias, todas cuatrimestrales, salvo dos espacios: Taller de Prácticas y Comunicación Comunitaria, que son anuales. Hablamos de una oferta académica donde lo territorial está muy marcado. Hay muchas propuestas que aspiran a la función social pero eso no se refleja en el plan de estudios, con diseños muy tradicionales que éste evitó. La Tecnicatura en Periodismo, en tanto, tiene 23 materias. La diferencia entre la tecnicatura –título intermedio– y la licenciatura es que durante la primera se van a abordar todos los lenguajes (radio, televisión, gráfica, digital y fotografía) y la licenciatura suma planificación, gestión e investigación”.
A su turno, Gonzalo Seone afirmó: “Lo que nos han pedido las Madres es que uno de los ejes sea que el periodista se forme en el territorio. Además, las Madres cuentan con una radio, una revista y un área de audiovisual: los estudiantes van a poder ejercer el periodismo desde que cursan”.
El secretario académico de la Universidad, Germán Ibáñez destacó que la carrera se ubica en la senda de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que interpela a todas las universidades: la comunicación atraviesa a todas ellas. Una ley por sí misma no transforma la realidad: es una herramienta, que es fundamental que ejerzamos para democratizar la palabra”.
Por su parte, Luis Zarranz trazó uno de los propósito de la carrera: “Formar historiadores del presente, que puedan leer la época, que puedan darse cuenta que una de las característica de la época es que los signos siguen siendo ilegibles cuando la lectura se aleja del territorio que los origina. Por eso esta carrera se plantea esta característica territorial, que a la vez es dual: el barrio a las aulas y las aulas a los barrios”. Además señaló que será importante “perder el miedo a postular disensos: romper la mentira del uni-verso, que como lo indica la palabra tiene una sola versión, y construir otros mundos posibles”.
La carrera de Comunicación tiene como eje construir un profesional con una sólida formación, guiado por los valores que caracterizan la histórica lucha de las Madres de Plaza de Mayo. En el diseño se postulan algunos espacios centrales como la formación técnica, gestión de medios, comunicación comunitaria, derecho a la comunicación, taller de prácticas y un observatorio de medios.
En ese sentido, una de las mesas del Congreso fue “Observatorio de medios” y contó con la presencia de Tomás Viviani, Co-Director del “Observatorio de Jóvenes, Comunicación y Medios” de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP); Alicia Ramos, directora de Investigación y Producción de AFSCA; y Cynthia Ottaviano, Defensora del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Allí, Viviani brindó detalles del trabajo realizado en el estudio de seis diarios: La Nación, Clarín, Página/12, Tiempo Argentino, El Día y Hoy: Se preguntó: “¿Qué dicen los medios de los jóvenes? El 70% de las noticias los involucran en hechos de violencia: aparecen como delincuentes y víctimas”. “Los medios son unos de los actores que redistribuyen sentido. Analizar los medios es analizar la política, el territorio que nos permite dar la batalla por la transformaciones”, expresó.
Ottaviano remarcó la construcción de “la soberanía comunicacional, para dejar de ser dichos por otros”. La Defensora del Público sostuvo que “los observatorios son indispensables como herramienta de análisis pero también como un motor de políticas públicas”. En ese sentido, compartió detalles de un estudio realizado por el organismo a su cargo: “Observamos 13.029 noticias en la televisión abierta de Buenos Aires. Aproximadamente la mitad se dan sin fuente; 30,5 % son policiales y de inseguridad (entendida como la entienden los noticieros); sólo el 0,3 % noticias correspondían a derechos humanos. La mitad de todas las noticias observadas no tenían fuentes”.
Por último, Alicia Ramos, de quien depende el Observatorio de la Discriminación de Radio y Televisión que AFSCA gestiona junto con el INADI y el Consejo Nacional de las Mujeres, compartió algunos informes realizados y sostuvo: “Estamos frente a un cambio paradigmático en la comunicación y creemos que estas herramientas contribuyen a que se entienda a la comunicación como un derecho humano”.

(Publicada en la revista "Ni un paso atrás", septiembre 2014)

Multiplicar es la tarea

Apertura y cierre del I Congreso de Comunicación y Periodismo

Del 21 al 23 de agosto tuvo lugar el I Congreso de Comunicación y Periodismo, organizado por las Madres de Plaza de Mayo. Durante esos días se realizaron diversas actividades y se compartieron experiencias, opiniones y reflexiones. Aquí, una síntesis de la apertura y cierre del mismo.

Resumir todo lo que sucedió en el I Congreso de Comunicación y Periodismo organizado por la Asociación y la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo es una tarea inabarcable. No sólo por la riqueza inconmensurable de los intercambios, los debates y las exposiciones que hubo en las casi veinte actividades que tuvieron lugar durante tres intensos días, sino porque además los pasillos y los espacios entre cada charla fueron propicios para compartir experiencias y construir colectivamente un ámbito de comunicación: una voz propia, pluralizada y entusiasmada, capaz de producir sentido.
Muchísima gente –estudiantes, profesionales, del interior del país– participó activamente de la propuesta que impulsaron las Madres como un preámbulo de la futura Licenciatura en Comunicación que, si todo marcha como corresponde, se dictará el año próximo en la Universidad.
El I Congreso de Comunicación y Periodismo, cuyo eje fue “Para servir al pueblo, la comunicación”, se constituyó, a partir de lo ocurrido, en una experiencia interesante y un fornido cuerpo de recursos para la propia carrera. Las Madres han enseñado, a lo largo de sus 37 años de lucha, que es posible –y aconsejable– producir teoría a partir de la práctica. El Congreso fue una excelente posibilidad para ello.

La Plaza, un medio de comunicación
Como es costumbre en cada uno de los congresos que organizaron las Madres, el inicio fue en la Plaza de Mayo, junto a su habitual marcha de cada jueves. En el discurso, en el que también hizo uso de la palabra Nicolás Ernesto Maduro, hijo del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hebe de Bonafini lanzó la campaña: “Si defendés la educación, bórrate de Cablevisión”, en contra de la empresa que impide la incorporación de diversas señales en su grilla para no permitir la pluralización de la palabra.
En la Plaza, Luis Zarranz, integrante del equipo de Prensa Madres y uno de los organizadores del Congreso, sostuvo: “Las Madres nos están invitando a compartir tres días de jornadas para debatir, discutir, reflexionar, opinar, compartir ideas y proyectos y construir un espacio colectivo de comunicación. Gracias Madres por esta propuesta, por esta invitación y por haber creado en esta Plaza el mejor medio de comunicación que se repite todos los jueves desde hace 37 años”.

Otro parto colectivo de las Madres
Horas más tarde, se realizó, en el auditorio de la Universidad, la apertura formal con la presencia de Hebe; el secretario académico, Germán Ibáñez; el senador provincial Gustavo Oliva; el periodista Víctor Hugo Morales; y la abogada Graciana Peñafort, célebre por su participación en la audiencia pública en defensa de la Ley de Servicios de Comunicación.
Antes de que pudieran hacer uso de la palabra se repasaron las diversas adhesiones que recibió el I Congreso. Entre otras, las de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata; el ISER, las universidades nacionales de Entre Ríos, General Sarmiento, Avellaneda, Jauretche y Lanús. Y las declaraciones de interés de la Jefatura de Gabinete de Ministros  y los ministerios de Justicia y Derechos Humanos y Cultura. También, de la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Al inicio, el senador de la provincia de Buenos Aires y ex rector del Colegio Nacional de La Plata, Gustavo Oliva, compartió su alegría por la actividad: “La verdad, es una gran responsabilidad estar al lado de la fuerza moral más fuerte que tiene la Argentina, las Madres de Plaza de Mayo. Si bien soy senador, soy profesor de esta querida universidad y eso me genera una responsabilidad aún mayor. Creo que si hay algo que tiene que ver con la futura carrera de Comunicación es cómo comunicamos lo que viene: la información es una cuestión estratégica en la visión de un pueblo”.
Oliva sostuvo que la información no era –no debía ser– una mercadería. “Al igual que la salud y la educación, es un derecho fundamental”, expresó y además afirmó: “Aspiro a que tengamos una comunicación que se milite y una militancia que comunique. La comunicación se constituye en un derecho humano que debemos resguardar y proteger”.
Tras él, el secretario académico de la Universidad, Germán Ibáñez brindó la bienvenida institucional al público presente y recalcó que “la comunicación tiene que ser entendida por los colectivos militantes como una herramienta fundamental”. “Vamos a tener la posibilidad de compartir los debates en torno a la democratización de la comunicación. La construcción y cristalización de monopolios de grandes empresas vinculadas a la comunicación audiovisual, que privatizan y capturan las palabras y la construcción de sentido, es una de las formas estratégicas de dominación del capitalismo global. Plantearse la democratización de la comunicación es una de las tareas fundamentales de cualquier proyecto de liberación”, agregó.
A su turno, el periodista Víctor Hugo Morales ponderó la iniciativa de la carrera de Comunicación: “Será formidable. La idea anida siempre en mí porque muchas veces llega un joven con un currículum y uno sabe de antemano que no será fácil incorporarlo. Jóvenes: no pidan tanto trabajo, sino traigan ideas. Ése es un resorte que está en el espíritu de lo que van a hacer las Madres: generar medios, generar ideas, desafíos”.
En ese tono, señaló: “Necesitamos tener una búsqueda sincera de la verdad y no generar un periodismo que se corresponda con intereses, con estos posicionamientos deleznables que hoy estamos padeciendo en la manera de ejercer el periodismo en América Latina y Argentina. Todos los días hay que mirar a los medios con una infinita desconfianza. Trabajan para vapulear el honor de las personas porque no pueden trabajar con verdades. Son representantes de un neoliberalismo que le ha hecho mucho daño al mundo”.
“El problema de los medios dominantes no es que piensen distinto, es que mienten y lo que no vale en esta profesión es la mentira. Lo que necesitamos es reforzar la idea de un periodismo mejor”, concluyó.
Posteriormente, Graciana Peñafort, directora de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Defensa y una de las redactoras de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual se desmarcó de ésta última categoría: “No creo ser coautora de ninguna ley. Si hay una fortaleza de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es que es un proyecto colectivo: surge de los principios de la sociedad civil, tiene el idioma perfecto de la democracia y de la construcción colectiva. Esta ley no tiene una única autoría, es la deuda que Argentina tenía consigo mismo”.
Además, sostuvo: “No es menor la creación de una carrera de Comunicación en una universidad que se define como popular. La ley lo que permite es que esta expresión de la comunicación popular tenga un espacio legítimo y de legalidad. Hasta su sanción, la comunicación popular no sólo no era legal sino que su persecución estaba perfectamente justificada por instrumentos democráticos”. La posibilidad de pensar la comunicación desde un lugar que encuentre en su raíz más profunda el concepto del otro es lo que hace tan importante esta creación de una nueva carrera”, añadió.
En otro tramo, indicó: “Hay un nuevo paradigma que defiende la comunicación como un derecho, no el mío, el de Víctor Hugo, sino un derecho social donde debatimos los aspectos públicos, un derecho colectivo. No sólo a decir sino a escuchar”.
Para finalizar, expresó: “Nadie cree que la información sea como el agua: incolora, inodora, insípida. No surge por generación espontánea ni es transmitida por máquinas que no tienen emociones, intereses, odios y amores. La comunicación es, efectivamente, un acto humano: uno comunica para el otro”.
A esta altura, el Auditorio Juana Azurduy desbordaba de público y muchos otros seguían los avatares de la actividad a través de la transmisión en vivo que realizaba Radio Madre-AM 530.
La Universidad estaba compartiendo uno de esos placeres supremos: la posibilidad de pensar y sentir en conjunto. Había algo en los rostros del público, de los oradores, de las Madres que estaban en primera fila: un lazo invisible pero fraternal que unía a todos y los hacía parte de un espíritu colectivo.
En esa atmósfera comenzó sus palabras Hebe de Bonafini, para señalar por qué las Madres le dieron tanta importancia a la comunicación: “Cuando nos secuestran los hijos no había forma de comunicarle a nadie lo que pasaba. Sin darnos cuenta, la marcha de la Plaza estaba diciendo algo. Cada jueves –nos llevaban presas, pero íbamos igual– era una manera de comunicarle al país que algo estaba pasando. Pero no lo hicimos consciente. Recién después de un tiempo nos dimos cuenta qué significaba, qué comunica el pañuelo. Pasaron 37 años. Ni se imaginan las cosas que hicimos. Hasta íbamos a las misas en La Plata, que estaba monseñor Plaza y cada dos personas que iban a comulgar se ponía una Madre y cuando el cura sacaba la hostia, decíamos: ‘Comulgo por mi hijo detenido desaparecido’. Y el cura decía: ‘No me rompa la liturgia’. Era lo que queríamos, para que la gente se enterara que  había desaparecidos”.
Fue entonces cuando el lazo entre el público se hizo visible: todos habían sido paridos por las Madres. La libertad de la que eran herederos, había dado luz gracias a la lucha del pañuelo blanco.
Hebe continuó contando las diversas formas de comunicar de las Madres. Y luego, expresó: “Los pueblos tenemos que inventar la comunicación cuando no existe en los medios. Ahora que, por la sangre de tantos, tenemos felicidad tenemos que ser valientes y animarnos a más cosas”.
“Las Madres fuimos mujeres que nos comprometimos con nuestros hijos y les juramos no abandonarlos nunca. Y dimos un paso más allá, socializamos la maternidad. Y otro, los empezamos a reivindicar como revolucionarios. La palabra ‘revolución’ es la que contiene más amor y no hay que tenerle miedo”, agregó.
Por último, señaló: “Estoy orgullosa de que tengamos esta carrera, ojalá que se apruebe pronto la creación del Instituto Nacional. Hace quince años que estamos peleando por esto. Cuando propuse este Congreso parecía una locura pero ahora es una realidad. Para sostener todo lo que tenemos hace falta la comunicación”, finalizó, entre aplausos, para dar por iniciado el I Congreso de Comunicación y Periodismo.
Todo el viernes y todo el sábado se sucedieron múltiples actividades que convocaron a renombrados periodistas y comunicadores, funcionarios con competencia en la materia, estudiantes, militantes, integrantes de medios sociales y comunitarios, etcétera.

Un cierre que abre posibilidades
El sábado por la tarde, finalmente, tuvo lugar el cierre del Congreso, con la presencia de la decana de la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata, Florencia Saintout; el presidente de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, Martín Sabbatella; el vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto; y Evel de Petrini, secretaria de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.
Una vez más, el auditorio de la Universidad fue testigo de una charla donde no cabía un alfiler. Pablo Caruso, director artístico de Radio Madre –que transmitió en vivo la totalidad del Congreso– fue el moderador.
Al comenzar, Florencia Saintout celebró el Congreso: “Debemos celebrar este tipo de encuentros que empezó el martes con el Pre-Congreso que se hizo en nuestra facultad, en La Plata, y celebrar el tiempo histórico de esta mesa”. “Hablar de periodismo y comunicación en este lugar que tiene todo el peso de lo que sucedió es muy fuerte. Todos sabemos que hay una historia del periodismo canalla que está ahí, en la mordedura de lo podrido, y eso también es parte de la historia. Nada del horror hubiese sucedido sin un periodismo que creó las condiciones –no de costadito, de actor secundario–, sino que fue actor protagónico–de que había un sector de la población que había que exterminar”, analizó.
Luego, expresó: “Madres nunca pensó en la comunicación por fuera de la historia o de la política. Ellas no eran especialistas en comunicación, ni mucho menos; la comunicación estaba enlazada a la vida, a las necesidades de la resistencia, a la lucha por la vida. Esos pañuelos, pañales, que comunican son maravillosos. La Madres comenzaron a hablar de uno de los principios básicos que tiene la comunicación que es el otro, las Madres dijeron ‘El otro soy yo’. El otro no debe despertar miedo, porque si no aparece la política de la reja, la idea de encerrarlo. Cuando el otro es la esperanza del amor, aquello que completa y hace el lazo, el otro permite vivir juntos, soñando la grandeza de la patria y la felicidad del pueblo”.
Luego, Martín Sabbatella expresó: “Tengo el honor de que la Presidenta me haya convocado para esta tarea en el AFSCA, continuando lo hecho por Gabriel Mariotto. Sé que la historia no empieza cuando uno llega y no termina cuando uno se va. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es una herramienta necesaria para anclar territorial y socialmente la comunicación, que sirve para democratizar la palabra, para federalizarla, para hacer esto que ustedes estuvieron debatiendo en este Congreso”.
“La Ley viene a democratizar la palabra y para eso tiene dos grandes ejes: la construcción de nuevas herramientas comunicacionales: nuevas radios, canales, señales y productoras de contenidos en el conjunto del territorio nacional que permitirán que el pueblo pueda tomar la palabra; y enfrentar las tendencias monopólicas, la concentración mediática, las posiciones dominantes que lesionan la libertad de expresión y que impiden que emerjan el conjunto de voces. No hay democracia posible sin no hay democratización de la palabra. Los grupos mediáticos se dedicaron a mentir y nada de lo que decían que iba a pasar con la Ley finalmente ocurrió.  Hay que festejar que se haya logrado que cuando la gente prende la televisión o la radio le pone un signo de pregunta a lo que vio o escuchó”, finalizó.
A su turno, el vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, expresó: “Hebe y la ley de medios es prácticamente lo mismo. En esta casa, con Néstor Busso y tantos compañeros, tuvimos múltiples reuniones para discutir los pasos a seguir. Aquí se decidió una marcha espectacular en donde más de 60 mil personas caminaron desde el Congreso hasta la Plaza de Tribunales. Ahí Hebe dijo una sumatoria de verdades que permitieron seguir avanzando, porque todo hacía suponer que ya había un fallo en donde perdíamos por goleada y esa movilización, ese pueblo en la calle, encontró, con Hebe a la cabeza, el vértice de la organización de la conciencia que se fue expresando en los foros”.
Mariotto señaló, además su alegría por participar en el Congreso, al que calificó como “antesala de la carrera de Comunicación que va a tener la Universidad de las Madres, que es ejemplo de lucha porque nadie le pide a las Madres que hagan las cosas. Sin embargo, ellas van al frente porque tienen la misión de seguir ilustrando y marcándonos el camino. Entonces una radio, una universidad, la próxima carrera y la cantidad de otras actividades que realizan, son maravillosas”.
La última oradora del I Congreso de Comunicación y Periodismo fue Evel de Petrini, “Beba”, quien expresó: “Queremos agradecer a todos los que han formado parte de este gran Congreso que, aunque sea el primero, es muy importante y no me cabe duda de que seguirá siéndolo. A los chicos que lo organizaron, que pusieron tanta dedicación, tanto empeño, tanta demostración de que se puede, que hay esperanza en chicos jóvenes que hacen y lo hacen bien. Eso nos levanta el ánimo a las Madres”.
En ese sentido, Beba señaló: “Las Madres sabemos que es mentira que no hay jóvenes buenos, que es mentira que no están en la política, que son todos chorros, que la juventud está depravada. Cuando se llevaron a nuestros hijos y salimos a la calle, lo hicimos con un convencimiento: el compromiso de hacer lo que a ellos no le permitieron. Eso fue levantar su lucha, sus banderas y ese orgullo inmenso de haber parido a esos hijos”.
“Esos hijos –continuó– que a la vez nos parieron a nosotras, nos enseñaron una forma de vida diferente, de amor al otro, de trabajo, de solidaridad. Eso se grabó en nosotras y está adentro nuestro y hace que las Madres jamás pensemos muertos a nuestros hijos: no están muertos. Nuestros hijos están con nosotras, les hablamos, conversamos con ellos, miramos sus ojos y sentimos su voz, que es lo más difícil de recordar. Ellos no están sólo en esas fotos, están acá, están en la Plaza, nos dicen: ‘Anda por acá’, ‘anda por allá’, ‘esto está mal’, ‘esto está bien’”.
En otro tramo de sus palabras, y en medio de cientos de aplausos, “Beba” afirmó: “Cuando la vida te enseña que no tiene que haber miseria, que tiene que haber trabajo, que no debe haber niños con hambre, que no debe faltar la educación, te cambia todo. Gracias a Néstor Kirchner los pibes, como nuestros hijos, pelean por eso. Ustedes, jóvenes, tienen una oportunidad que no tuvieron los nuestros: luchar en un gobierno que permite que esto se haga. No lo pueden desperdiciar, no se queden sentados esperando: peleen por lo que quieren, peleen por un buen periodismo, por periodistas que digan la verdad, que trabajen bien e informen como deben informar. Eso se logra luchando. No hay mejor forma de lograr las cosas que luchando, siempre con amor, al otro y sobre todas las cosas, con amor al país”.
No fue ése el punto de final del Congreso. Tras las palabras de Beba germinaron cientos de aplausos y el convencimiento de que es posible –ahora, no mañana–convertir todo lo que se haga en herramientas aptas para construir formas de comunicación humana que recuperen su sentido: establecer relaciones humanas.

(Publicada en la revista "Ni un paso atrás", septiembre 2014)

Ser o no ser (cabulero)


Por Luis Zarranz
Vaya a saber en qué momento de la vida, un hincha de futbol –usted, yo, su vecino– adopta determinadas cábalas frente a un partido de futbol del equipo del que es hincha.
Siempre es difícil recordar cuándo empiezan estas cosas, pero un día te encontrás poniéndote la misma ropa, sentándote siempre en el mismo lugar y repitiendo los mismos pequeños actos que te convierten en preso de tus propias mañas: los ritos que los fanáticos como yo repetimos con el convencimiento de que lo contrario implicará perder el partido.
Sé que las cábalas no tienen ningún sustento racional, pero fanatismo y racionalismo son dos palabras que rara vez quedan bien cuando se las une. Pero por si preguntan, sí, sé que antes de patear al arco ningún jugador sabe si estoy vestido como siempre, si dos horas antes mandé la frase “esta tarde tenemos que ganar” a un grupo de whatsapp, o si en la tribuna me senté a la izquierda de dos amigos: no hay manera de que ni él, ni el rival, sepa si cumplí cada uno de los ritos que me autoimpongo.
Lo sé.
Pero los hago igual.
Peor aún: me dirán que qué pasa si cumplo mis cábalas y, tal vez, el de al lado, en un acto de distracción, no las haga. No lo sé, pero a mí me tranquiliza lo que hago yo con mis cábalas, no la de los demás: el placer del deber hecho.
No recuerdo, he dicho, la primera vez que comencé con estas mañas, pero sí, que tenía siete años cuando escuchaba los partidos con un auricular enorme y espacial frente al minicomponente que había en mi casa, que gritaba los goles de la misma manera –un grito y un salto para tocar con la mano izquierda el marco superior de la puerta– y que cuando nos atacaban repetía “juira”, “juira”, como un mantra, para evitar el peligro.
Lo cierto es que durante el último Torneo Final, en el que River fue campeón, fui a la cancha en nueve de sus diez partidos de local. Por supuesto –creo que sobra decirlo– que el partido que no pude ir (por laburo) perdió.
Los otros nueve, los que fui, los ganó todos. A todos ellos fui con una boina y dos camperitas deportivas. No me importaba si hacía calor o frío: la vestimenta era la misma.
El último partido era clave: River debía vencer a Quilmes para salir campeón. Estaba tan ansioso que la noche anterior empecé a preparar el atuendo y no podía encontrar la boina: la busqué incansablemente, como no soy capaz de buscar otra cosa.
De casualidad, le pregunté a mi mujer si la había visto. Casi muero cuando me dijo:
–Se la presté hoy a Sole, porque el hijo necesita una boina para actuar.

Sole es una amiga que ve de vez en cuando y, eso, frente al poco tiempo que había, agravaba la situación. No sé cómo evité el infarto. A veces me duele el pecho cuando recuerdo la escena. Sandra no sabía que esa boina era parte de la cábala –era un rito muy mío– y ni siquiera comprende el fanatismo de un hombre racional para el resto de las cosas de la vida.
El caso es que faltaban menos de diez horas para el partido y la boina no estaba donde debía. Sandra aceptó, incómoda, mandarle un mensajito a Sole para pedírsela y yo me ofrecí a buscarla donde ella indicara.
El domingo a la mañana amaneció soleado: era una señal. Fui hasta el Triangulo de Bernal, cerca de su casa y a media hora de la nuestra, recuperé  el amuleto, le presté otra boina a cambio y llevé una docena y media de facturas para compensar la molestia.
Todo el tiempo supe que era un exceso de mi parte, pero ni así pude evitarlo: jamás me hubiese perdonado asumir el riesgo de ir a la cancha sin la boina, sin respetar la cábala.

Ese día, River ganó 5-0 y salió campeón del torneo. Los jugadores hicieron todo lo que había que hacer y los cabuleros, también.

(Publicada en la revista "Al Margen", septiembre-octubre 2014)