lunes, 5 de diciembre de 2011

Una locura nada difícil de imaginar

X Congreso Internacional de Salud Mental y DD.HH

Del 17 al 19 de noviembre, Córdoba recibió al Congreso de Salud Mental que año a año organizan las Madres. Por primera vez fuera de Buenos Aires, se convirtió en una posibilidad maravillosa para compartir y abordar miles de experiencias fascinantes

Por Luis Zarranz
Imaginate que son las doce del mediodía y que hace mucho calor. Imaginate que estás en Plaza General San Martín, pleno centro de Córdoba capital, y que el sol cae sobre tu cabeza como una guillotina. Imaginate que en la plaza hay cinco grandes carpas y que estás dentro de una de ellas.
Sentí cómo se concentra el calor, cómo sube la temperatura, cómo empezás a transpirar, cómo el cuaderno te sirve de abanico, como se te escurre el poco aire fresco que alcanzás a sentir.
A todo eso sumale que dormiste poco porque venías extenuado del día anterior y que sin embargo no estás fastidioso, estás feliz, estás contenta.
Ponele que estás escuchando una charla en la que, ponele, está hablando Hebe de Bonafini o Gabriel Mariotto o los jóvenes que impulsan la implementación de la nueva Ley de Salud Mental. U otro expositor, ponele el nombre que quieras. Cambiá figuritas. No importa: el resultado es el mismo.
Te acomodaste y mirás alrededor y ves que hay diez, cincuenta, cien, doscientas personas como vos que también eligieron estar ahí. Cantidad de gente a la que le calienta mucho más lo que allí se dice que lo que el calor provoca.
Desde esa incomodidad, que es cero al lado de la que, en ciertas ocasiones, te ubica el sistema, parás el oído, tomás nota, compartis experiencias, tejés lazos, pedís la palabra y combatiste la cordura paralizante y sumisa que te diría que corras para escapar del sofocón.
Si ya te imaginaste toda la escena, no estás sólo dentro de esa carpa. Estás adentro del X Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos que organizó la Asociación Madres de Plaza de Mayo.
Tres días. Diez actividades simultáneas cada hora y media, cada jornada, de 9 a 21 horas. Miles de jóvenes yendo y viniendo revolviendo idiomas, tonadas, prácticas, abordajes, dispositivos, propuestas, luchas, esperanzas, sueños.
Ves el ir y venir de pibes, programa en mano, preguntando si tal charla se realiza en esa carpa o en el Cabildo, en una de las puntas de la Plaza. Lo ves a Alfredo Moffat brindando una conferencia, escuchas a las fábricas recuperadas contar su experiencia, ves jóvenes conscientes de su protagonismo; en eso te cruzas con una mesa en la que los que hablan son los estudiantes chilenos que mientras luchan por la educación pública le están dando una clase de dignidad y resistencia a la sociedad de su país. Los ves participando del I Encuentro Latinoamericano por el Derecho a la Educación, en el marco del Congreso.
Pasa la hora, te metés en otra carpa y sos parte del II Foro Internacional de Niñez y Adolescencia, del Foro de Diversidad y Género, o del de Salud Colectiva y Derechos Humanos: todas semillas regadas y florecidas en el seno del Congreso.
No hay problema si entre tantas cosas te volvés loco porque, como dijera Hebe en la apertura: “No queremos abolir la locura sino los loqueros”. Volvete loco, nomás, si después de todo fueron unas pocas “locas” las que se atrevieron a dar vuelta la historia y, mirá qué loco, fueron paridas por sus hijos.
Te lo reafirma, en una de las mesas, Leonardo Gorbarch, ex diputado y autor de la Ley de Salud Mental 26.657: “La militancia de las Madres parió la democracia, un gobierno popular y la Ley de Salud Mental”. “Este Congreso es la victoria de los lazos solidarios”, te sopla Inés Vázquez, la rectora de la Universidad Popular para que te des cuenta porqué corno no te importa el calor. Cada lazo es como un ventilador que te refresca, te contagia, te sostiene y te ventila.
Hebe suelta su genio y te dicta: “La Presidenta lo ha dicho: somos 40 millones de locos. Así que le pido que apruebe la Ley porque si no los 40 millones podemos terminar en el Borda”.
Imaginate todo eso, todo ese entusiasmo militante. Imaginate cómo te parte la cabeza oír hablar sobre las experiencias desmanicomializadoras; las radios que funcionan como dispositivos de salud mental; el festival musical en honor a las Madres que está ahora arriba del escenario; la primer marcha de las Madres en la plaza principal de Córdoba; la murga que te dice que bailar y sonreír hace a la salud mental; imagínate cada una de las veces que sentiste nombrar cómo la lucha te libera y te activa.
Si de verdad pudiste imaginarte toda esta locura, entonces de alguna manera fuiste parte del X Congreso de Salud Mental. Y si no, tranqui: el año que viene tenés revancha en Tucumán.
Hay quienes sostienen que cualquier observador, por el mero hecho de ser testigo, influye en la realidad que está observando, la altera, la modifica. El próximo Congreso tendrá lo suyo porque estarás vos. Imaginate

(Publicada en la revista "¡Ni un paso atrás!", diciembre 2011)

Se fueron todos

LA EX ESMA

Visitas guiadas, muestras, talleres, canales de tevé y una escuela de música son, entre otros, los espacios de vida que mataron a la muerte en el predio donde funcionó uno de los centros de exterminio de la dictadura. Qué funciona y qué falta poner en marcha.

Llevo tres horas recorriendo el predio donde funcionó la ESMA y decido hacer un alto. Es viernes, son las dos de la tarde y hace mucho calor. Me siento debajo de unos árboles que me convidan una sombra sin paréntesis.
Cierro los ojos y mi mente viaja por el túnel del tiempo: se me disparan flashes continuos con las caras de Massera, Astíz, Acosta y cientos de uniformes asesinos. Los abro y aparecen decenas de pibes, edad colegio secundario, en una visita guiada.
Entre cada pestañeo y abrir de ojos transcurren los últimos 35 años de historia de este lugar, como dos imágenes de épocas diferentes en la que una de ellas, la actual, resignifica a la anterior. Y viceversa.
Parece una fábula, pero no lo es. En el medio, como una locomotora que une dos puntos distantes, transitó la lucha de los organismos de derechos humanos. Con ese tren, al que supo subirse el gobierno, en el 2004 este árbol que me sirve de apoyo y las 17 hectáreas que componen el predio, les fueron arrebatadas a los asesinos que habían erigido  acá el mayor campo de concentración de la dictadura. Y, entonces, cuando tuvieron que irse, hubo que empezar a poblarlo, a mantenerlo como recuerdo vivo de la memoria, a desterrarlo como emblema de muerte.
Desde aquel momento la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) comenzó a transformase en lo que es hoy: el “Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los DD.HH”, el nombre pomposo bajo el cual conviven instituciones oficiales y organismos, entre otras iniciativas que le dan sustento.

Con otra gente
Dentro del predio existen más de 35 edificios, la mayoría de los cuales tiene asignado, ya, un destino específico, algunos en funcionamiento y otros como proyecto.
De todos ellos, el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, es el de mayor envergadura. Dependiente de la Secretaria de Derechos Humanos, allí se realizan muestras de artes visuales y diversas actividades culturales, bajo la dirección de Eduardo Jozami.
Por ejemplo, la exposición “200 años, 200 libros. Recorridos por la cultura argentina”, en la que se exhiben esa cantidad de libros, propuestos como representativos del Bicentenario: ejemplares de Borges a Walsh, de Sarmiento a Arlt, entre muchísimos otros autores. Además, en diciembre se inauguraron dos muestras de artes visuales: “Los escritos de una guerra”, de Diego Ezequiel Pogonza, (hasta el 22 de enero) y “El brillo de tu mirada”, de Cristina Piffer y Hugo Vidal (hasta el 4 de marzo).
Salgo y me pierdo por una de las múltiples calles internas. Misteriosamente, ésta se llama “Pinedo” por lo que supongo que el Ente Público que gestiona el predio aún no cambió la nomenclatura que le impusieron los marinos.
El Ente Público “Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los DD.HH” es quien se encarga de la administración. Está presidido por un órgano ejecutivo tripartito integrado por representantes del Gobierno Nacional (la periodista Lilia Ferreyra, ex compañera de Rodolfo Walsh), del Gobierno de la Ciudad Autónoma (el abogado Beinusz Szmukler, del IEM) y del directorio de organismos de derechos humanos (Paula Maroni, de H.I.J.O.S).
Mientras se termina de construir su futura sede, el Ente funciona dentro de la Casa de la Militancia, a cargo de H.I.J.O.S, que en noviembre, junto con el Ministerio de Desarrollo Social, convocó a un Concurso Nacional de Anteproyectos para la remodelación y puesta en valor de ese espacio (www.hijos-capital.org.ar).
Allí también están las oficinas de las guías que organizan las visitas, que se extienden por tres horas, al ex Casino de Oficiales, donde funcionó propiamente el Centro Clandestino de Detención, Tortura y Extermino, lugar de encierro y tortura de las víctimas.

El nido de la vida
Lo primero que registro al caminar las calles internas es la sensación de libertad con que recorro el lugar, en contraposición a las condiciones por las que pasaron por aquí más de 5.000 personas en plena dictadura. No puedo dejar de pensar en qué me quiere decir, en un lugar como éste, el nido y el pajarito que me mira desde su morada, sobre un ventanal. Necesito verbalizarlo: ¿Qué significa un nido de horneros en un lugar cuya carga simbólica resignifica cada cosa que tenga vida?
Hay un velo de misterio, de derrota y de victoria (maldita dialéctica), y de curiosidad en cada uno de mis pasos. Con ese plan, es decir con ninguno, llego al ex Patio de Armas, actual “Plaza de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”, donde me envuelve un silencio que me aturde. Desde su centro, observo los cuatro edificios que la circundan: la parte trasera del Espacio para la Memoria sobre el Terrorismo de Estado (IEM); la Casa Nuestros Hijos. La Vida y la Esperanza, de las Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora, y el edificio de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas (ambos comenzarán a funcionar el año que viene). A mis espaldas, un armatoste venido a menos que administra el Ente Público (aún sin destino) y que en épocas de marinos supo ser la cocina de la ESMA.
El hecho de que varios de los edificios, asignados y no, todavía no estén en funcionamiento se explica por las dificultades que cada organismo o institución encuentra para obtener financiamiento. Y por la distancia que, ciertas veces, encuentran las buenas intenciones de las acciones.
Lo que hizo el Ente (llamar así al órgano gestor de la ex ESMA es de mal gusto) fue establecer y estipular el destino de cada módulo (varios, “en obra”), de manera de organizar el espacio. El Ente mismo tiene una ubicación provisoria hasta que se termine de acondicionar su edificio, lo mismo que el Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos, auspiciado por la UNESCO, que la última semana de noviembre consiguió la aprobación del Congreso para funcionar en Argentina.
Por el contrario, Andrés Zerneri, el artista que recolecta llaves para construir el “Monumento a la mujer originaria”, ya ocupa un lugar en lo que fueron los Talleres Básicos. Y, al fondo, está la sede de Educ.ar, (un edificio imponente, totalmente reciclado) desde donde producen y emiten el Canal Encuentro, Pakapaka y Tecnópolis TV.

La música del pañuelo
Al fondo del predio, piedra libre al Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECuNHi), de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, que dirige Teresa Parodi. Allí se ofrecen diversos talleres de artes y oficios, muestras de artes visuales y se realizan programas que permiten que concurran al espacio alumnos de escuelas primarias y jóvenes de la tercera edad. Enfrente del ECuNHi, las Madres emplazaron el “Pañuelo de la Vida” donde, bajo la estructura de un pañuelo gigante, funciona una biblioteca popular.
A sus espaldas, el Espacio Patrick Rice sirve de ámbito provisorio para la escuela de músicos populares, con la dirección de la Fundación Música Esperanza que dirige Miguel Estrella, que funcionará de manera definitiva en la Casa de las otras Madres, las de Línea Fundadora.

La memoria: más que un archivo
Sobre Avenida Libertador, en el “Pabellón Cuatro Columnas”, está la sede del Instituto Espacio para la Memoria (IEM), con muestras permanentes sobre el Terrorismo de Estado; y el Archivo Nacional de la Memoria, cuyo objetivo es obtener, analizar y preservar información y testimonios sobre las violaciones a los DD.HH.
Todos los nidos de la ex ESMA atraen un público diverso, jóvenes en su mayoría, que potencian lo que antes se había querido mutilar. Entonces, recién entonces, entiendo la mirada del pajarito, el sostén del árbol y aprecio cómo la vida mató a la muerte.


(Publicada en la revista MU, diciembre de 2011)

Sed de cambios

Diez años de diciembre de 2001

Las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 surgieron como respuesta a la mayor crisis económica y social de la historia, y potenciaron una serie de experiencias comunitarias y autogestivas, cuyos efectos, a diez años, dependen del cristal con que se los mire.

Por Luis Zarranz


Sobre la mesa hay un vaso servido hasta la mitad. Ése es el dato preciso. Indiscutible. Exacto. Pero puede decirse que está “medio lleno” o “medio vacío”, y cualquiera de las dos opciones son válidas.
El vaso es un ejemplo. Y sirve no sólo para determinar las diferentes maneras con que se pueden analizar estos diez años de distancia, sino también para ponderar el cristal con el que se mira. Cualquier análisis, entonces, que no ponga los ojos sobre los ojos con los que se está mirando el asunto queda entre visco y tuerto. Y por lo tanto es incompleto.
Quizá por eso sea una tarea difícil exponer el proceso que va desde aquellas jornadas históricas donde la crisis de representatividad tuvo su pico máximo, hasta estos días donde la legitimidad de los votos obtenidos por Cristina Fernández de Kirchner también marca un record desde el regreso de los gobiernos constitucionales en 1983.

EL VASO
Posiblemente esta revista y el colectivo que la nutre estén embebidos de aquel espíritu de diciembre de 2001. En cierta forma, Al Margen es hija del 2001 y de lo que esas expresiones populares generaron. La pregunta es: ¿Hubiera existido un proyecto como éste sin la lógica que se evidenció el 20/12? La respuesta es incierta porque es contra-fáctica (no podemos saber qué hubiera pasado si ese algo no pasó) pero sirve para abordar el asunto y preguntarse dos cuestiones complementarias: ¿Cuál es esa lógica? y ¿Qué representa?
Esa lógica está caracterizada por lo asambleario, la recuperación del espacio público, la participación colectiva, el florecimiento de ámbitos comunitarios, el protagonismo de diversos actores sociales. Y representa un paradigma en el que el compromiso deja de ser mala palabra.
(Huelga decir que lo que se quiere decir cuando se dice “diciembre de 2001” excede, largamente, ese mes y refiere al sinnúmeros de procesos que se venían desarrollando por lo bajo y que ese día quedaron, emblemáticamente, visibilizados y potenciados).



MEDIO LLENO
Comparar la foto actual con la de diez años atrás es un ejercicio interesante porque expone dos países diferentes. En estos diez años, por caso, Argentina tuvo el mayor ciclo de crecimiento económico de su historia.
No es ése el punto central del análisis sino cómo Néstor Kirchner, a partir del 2003, hizo propios los principales reclamos que se debatían en las asambleas. Si fue oportunista o legítimo depende del cristal con el que se mire el vaso. Lo cierto es que buena parte de aquellas consignas fueron retomadas durante su gestión y la de su esposa (siempre con las variantes lógicas que genera el Estado cuando toma asuntos de la sociedad civil). Veamos, por ejemplo, las consignas expuestas en la Asamblea Interbarrial de Parque Centenario (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), en enero de 2002, donde participaron más de 2.500 vecinos de distintas localidades, y comparémoslas (en cursiva y entre paréntesis) con algunos de los hechos de los gobiernos de los Kirchner: 
Acá vamos: “Juicio a la Corte” (remoción de los miembros de la “mayoría automática”), “Seguro para desocupados” (Asignación Universal por Hijo, “Plan Trabajar”), “No pago de la deuda externa” (en el relato kirchnerista el pago al FMI para que no audite las cuentas públicas fue equivalente), “estatización de las empresas de servicios” (Aguas Argentinas, Correo Argentino, Aerolíneas, AFJP), “juicio y castigo a los genocidas” (más de 260 genocidas presos, derogación de las leyes de impunidad) y “escrache a Clarín” (sobran las ejemplos que ponen “nervioso” al Grupo).
Los enemigos del pueblo tienden siempre a aislar las luchas, “desconectarlas de la historia”, como decía Rodolfo Walsh. De esta forma se ven parcializadas, fragmentadas y no como una continuidad. Al verla como una película y no como una foto, bien puede establecerse una continuidad entre la mayor participación de los jóvenes en la política actual, a partir de lo que fue su protagonismo en el 2001. Fueron ellos los que pusieron el cuerpo a las protestas, los que se gastaron la suela en marchas y movilizaciones, los que participaron en escraches, clubes de trueque, espacios recuperados y autogestivos, y los que más afónicos quedaron para gritar “que se vayan todos”.
Ahora, en un contexto donde la crisis de representatividad parece lejana, son también el motorcito que, a fuerza de entusiasmo, aceitan el funcionamiento de casi todas las organizaciones y estructuras partidarias. También puede establecerse una continuidad evidente del espíritu asambleario, en la continuidad de las luchas ambientales, estudiantiles, culturales (teatros comunitarios, colectivos de cines, medios alternativos), de pueblos originarios, de los trabajadores (sindicatos de base, fábricas recuperadas, movimientos de desocupados). La inmensa mayoría de todas estas prácticas son hijas del 2001, por la potencia que le imprimió aquel momento histórico.

MEDIO VACÍO
Mientras el gobierno aplicaba algunas de las medidas mencionadas, también tuvo energía para la fragmentaron de los movimientos sociales, principalmente por vía de premios y castigos entre los grupos más o menos afines. En esa fragmentación contribuyó, pornqué negarlo, la propia lógica sectaria y expulsiva en la que suele incurrir el “campo popular”.
Los medios de comunicación no podían ser ajenos: redujeron los conflictos sociales a problemas de tránsito y criminalizaron, como siempre, a los sectores en lucha, en un discurso que la clase media compró rápidamente, como si fuera una promoción de supermercado. Esto hizo estallar el espejismo “piquete y cacerola, la lucha es una sola”, lema que fue perdiendo terreno a medida que los problemas económicos de los sectores más pudientes se fueron aminorando: a la vez que recuperaban su habitual poder de compra, recuperaron su histórico nivel de fascismo.
¿Fracasaron las asambleas? ¿Cómo se mide su “éxito”? Poco a poco fueron reduciéndose, desde el furor con que se desarrollaron durante los primeros meses del 2002, hasta extinguirse, prácticamente en su totalidad. ¿Cuál es el legado que generó la posibilidad de debate entre vecinos? ¿Qué espacios de encuentro y articulación quedan entre los diferentes sectores de la sociedad? ¿Por qué, dado el exponencial desarrollo que tuvieron múltiples y diversos espacios colectivos, no se pudo avanzar más allá?
Tal vez, como dice Rubén Dri en su libro “La revolución de las asambleas”, “el ‘que se vayan todos' encerraba una no-propuesta”. Las consecuencias, al bajar la marea de la participación social, dejaron el mismo efecto que se produce cuando el mar se retira y exhibe lo que supo tapar: entonces se vio sectarismo, falta de unidad en el campo popular, organizaciones con viejas prácticas expulsivas, etc.

LA SED
El futuro, ese imaginario que en realidad siempre es presente, espera (siempre lo está haciendo) con un desafío inquietante: observar qué seremos capaces de construir. En ese aspecto, la rebelión del 2001 fue como un parto colectivo de esperanzas, energías, potencialidades, intereses y conflictos, algunos de los cuales aún merecen mayor recorrido, y cuyo desarrollo corre por nuestra exclusiva responsabilidad.
En definitiva, no se trata de polemizar si el vaso debe verse medio vacío o medio lleno, sino preguntarse si sacia tu sed.

(Publicada en la revista "Al Margen", Bariloche, Río Negro. Diciembre 2011)

sábado, 5 de noviembre de 2011

La última locura

"EL LOQUERO DE DOÑA CORDELIA"

La nueva obra del Circuito Cultural Barracas nos propone una lectura: refundar toda la Historia. Un ejercicio vital para que podamos imaginar otros destinos posibles.

Si uno de los propósitos del teatro comunitario es romper la dualidad escena/escenario, una obra empieza, entonces, cuando uno hace la fila para entrar a la función. Eso pensé mientras devoraba minutos y un choripán incierto antes de ver el estreno de “El loquero de Doña Cordelia”, el nuevo espectáculo del Circuito Cultural Barracas.
Entonces, me vi junto a vecinos del barrio y empecé a registrar la escena, jugando a las escondidas sonoras para escuchar conversaciones ajenas sin que me dijeran piedra libre.

Escena 1
Delante mío, un matrimonio mayor conversa, sin saber que los escucho en las sombras, sobre los cambios edilicios que tuvo el barrio en los últimos años. Miran la calle Iriarte y no ven el boulevard que se construyó hace algunos años: la escena que pasa por sus ojos es la fisonomía con la que crecieron. Hablan y se mueven lentos como la miel pero quisiera que me contagien una décima parte de la pasión con que pisan el suelo.

Escena 2
La señora que está atrás mío viene a ver actuar a su esposo, un vecino que en un rato se transformará en uno de los cincuenta actores que protagonizan la obra. En la espera, se encuentra con Gabriel Milito (juro que es el jugador y si no, es su copia), que trae de la mano a sus dos hijos: mamá también actúa. Escucho la conversación con entusiasmo, mientras se cuentan que ambos estudiaron teatro. Hay emoción: acaban de descubrir que los dos iban al mismo lugar, pero en diferentes épocas, en la calle Yerbal, segundo piso por escalera. Un hallazgo.
La fila comienza a moverse y los diez metros que nos distancian de la puerta, que ahora son ocho, se reducen como un bandoneón contraído. Dos de las protagonistas, la encargada de la pensión y su asistente, salen a la calle a baldear la vereda porque, dicen, los perros han hecho de las suyas. En la escena confirmó la hipótesis: la obra no comenzó pero hace rato que sí lo hizo la función.

Escena 3
La sala está llena y la expectativa tiene un imperativo: que empiece. Al entrar, los pensionistas de Doña Cordelia nos cuelgan una tarjeta que dice “Convocados”. En cierta forma, todos los somos.
A la espera de los actores, “El loquero…” se llena de murmullos. Suena la campana de largada y la pensión cobra vida, poblada por quienes son considerados locos por el resto del barrio.
Estos pensionistas, influenciados por el Bicentenario, han decidido “refundar” todo lo fundado desde la Revolución de Mayo: “Desde una historia contada según las conveniencias de turno, hasta las relaciones vecinales y certezas personales que rigen socialmente”.
Aunque anuncien que aún no se conocen los resultados finales porque la tarea recién empieza, el espectáculo es, en sí mismo, fundante en la consolidación de un ciudadano que la historia y los discursos oficiales han pretendido esconder: el vecino.
Otro hallazgo.

Escena 4
Ricardo Talento es el director del Circuito Cultural Barracas y el corazón que late junto al espacio. Sostiene: “Toda nueva obra en los proyectos teatrales comunitarios nace de una necesidad colectiva de contar, de compartir con el otro vecino, el espectador, y de autocontarnos algo que nos inquieta o nos reafirma”.
Ésa es la génesis a partir de la cual surgió esta obra que combina teatro y música, y que despliega medio centenar de vecinos, protagonistas no sólo del espectáculo sino de algo más trascendente: su historia.
La propuesta de refundar la Revolución de Mayo tiene un propósito: pensar otras formas de construcción. “La vamos a empezar aquí y, después si nos sale bien la refundamos en otros barrios”, dice uno de los intérpretes.
“Las revoluciones siempre fueron complicadas. Las refundaciones, mucho más”, acotan otros en una de las canciones. Es allí donde adquiere dimensión una de las preguntas que guían el espectáculo: “¿Dónde quedó prisionera la cordura que no es capaz de imaginar algo distinto a lo ya imaginado?”
Por eso, “El loquero de Doña Cordelia” funciona como una especie de vanguardia vecinal cuyo objetivo no es creerse que son iluminados políticos, sino impulsar, con gigantesca creatividad, nuevos cimientos para construir la historia, la que fue y la que será. En ese camino, por ejemplo, el primer paso que anuncian es “prescindir de los imprescindibles” y otras locuras del mismo tono.

Escena 5
Talento apunta otras nociones interesantes para comprender tamaño propósito.

-¿Cómo surgió la idea y el disparador para crear la obra?
-En el teatro comunitario las ideas de un nuevo espectáculo van surgiendo casi sin darnos cuenta, suelen estar en las expectativas de la propia comunidad. En este caso hace mucho que en nuestro proyecto está muy presente el cómo construimos, qué pasa si tal o cual cosa la abordamos con otra mirada, si voluntariamente probamos otro camino. Charlamos, improvisamos... ¡Jugamos mucho! Surgió en este juego cierto imaginario colectivo de dudar de lo que trasciende, de saber que la historia no es una sola.

Además, desparrama otras pistas que reflejan hasta qué punto la refundación que anhelan y plantean es profunda y genuina: “Inventamos escenas que luego ni siquiera quedaron en la obra, como la del hincha de fútbol, vecino de Barracas, que llega al estadio Azteca en el Mundial del 86, producto de una colecta barrial, y grita ‘¡mano!’ en el famoso gol de Maradona. Nos preguntamos qué hubiera pasado en nuestra sociedad si Maradona hubiera dicho ‘no cobre este gol, señor referí, porque lo metí con la mano’. Le dimos carácter místico a la trampa, la llamamos ‘la mano de Dios’”.
Tercer hallazgo.

Escena 6
Para propalar la refundación, en lo de Cordelia están creando, ante el silencio atento de la sala, una brigada de provocadores que incomode y sacuda el polvo al  sentido común.
·         En el “Operativo Banco”, uno de los pensionistas pide plata en una entidad financiera. Como le niegan la solicitud, pregunta: “¿Por qué no me dan plata si el banco tiene y yo no tengo nada?”.
·         En el “Operativo Comisaría”, un muchacho delivery arrima unas pizzas y dice “se las traje antes que las pidieran, así no se tienen que molestar”.
·         En la Iglesia, piden ser atendidos por dios y no por el sacerdote.

Con operativos de ese tono ensayan diferentes escenas para poner en práctica en oficinas públicas, bancos, diarios y comisarías con el objetivo de enloquecerlos, ante el temor de la responsable de la pensión que en cada situación ve un posible argumento para que clausuren el espacio. "Siempre va a ver alguien dispuesto a clausurar" en nombre de la cordura, de lo que debe ser, de lo establecido.
En otro tramo, plantean cómo funcionarían las cosas “refundadas”. Por ejemplo, afirman: “El periódico refundado ha decidido en su próxima edición salir totalmente en blanco para que cada vecino escriba lo que quiera y se lo pase a otro para que, a su vez, haga lo mismo”. “Esto traerá un ahorro significativo de papel y de artículos intrascendentes”.
El cuarto hallazgo de una serie interminable.

Escena 7
A esta altura hay una pregunta que se vuelve inevitable: ¿Qué implica refundar todo lo fundado? Responde Talento: “Creemos que estamos en buenos tiempos de replantearnos formas de construcción que nos han hecho y nos hacen mal como sociedad, de cuestionarnos cómo nos estamos relacionando como vecinos, pensar en el nosotros sobre el individualismo paranoico de desconfiar unos de otros, de atrevernos a la desmesura creativa, que la creatividad no sea sólo patrimonio de los artistas sino de la comunidad toda. No queremos estar ‘indignados’, queremos proponer y ser parte de proyectos que tengan al ser humano como centro.
-¿Por qué es difícil pensar nuevas formas de construcción?
-Creo que unas de las facultades humanas más mutiladas es la creatividad, y si no somos capaces de imaginarlo es difícil que otro mundo sea posible.

Escena 8
Termina la obra y los vecinos salen a la calle donde lo que priman son los abrazos. En el apretón veo la misma noción de comunidad que sentí toda la noche.
La función es pasado pero no. Los actores van perdiéndose en el barrio y ahí también siguen siendo protagonistas.
Ése es el último hallazgo, y el más importante, que revela el espectáculo.

www.ccbarracas.com.ar

(Publicada en la revista MU, noviembre de 2011)

miércoles, 5 de octubre de 2011

Medios desesperados

En “La cruzada de los medios en América Latina”, el pensador e investigador brasilero Dênis de Moraes describe las políticas de comunicación estatal para democratizar la palabra frente al panorama mediático que se opone a toda medida que altere el statu quo.

Por Luis Zarranz
El último libro de Dênis de Moraes no es un libro: es una radiografía. Con ese estilo de agudeza analiza, a través de la investigación en ocho países latinoamericanos (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, Nicaragua y Paraguay), la tensión entre los medios de comunicación y los gobiernos progresistas de la región, que aspiran a poner en discusión su inmaculada concepción.
La tesis principal de “La cruzada de los medios en América Latina. Gobiernos progresistas y políticas de comunicación” sostiene que las empresas mediáticas, “esgrimiendo los mismos intereses que los sectores económicos más poderosos, consolidaron un contrapoder al alzarse como una voz hegemónica que, en no pocas ocasiones, supera incluso la de la oposición política, permitiéndoles establecer su propia agenda en los debates que enardecen la opinión pública”.
Frente a ello, el autor, doctor en Comunicación y Cultura de la Universidad Federal de Río de Janeiro, aborda las transformaciones propuestas desde los Estados y el valor estratégico de las políticas de comunicación surgidas en los últimos años por impulso popular.
Moraes realiza su labor con una mirada estratégica, profunda, sagaz, que va tejiendo las particularidades de los distintos procesos, con un valor agregado que caracteriza su investigación: un soporte teórico que refuerza las experiencias en la construcción de una comunicación abierta, democrática y plural.
De esta manera, este pensador brasilero desarrolla un trabajo, estructurado en seis capítulos, en el que describe la concentración monopólica y sus implicancias, el valor de las políticas públicas y las transformaciones  comunicacionales. Entre ellas señala la revitalización de la comunicación estatal, el surgimiento de diarios estatales (en los casos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Paraguay), otros modelos televisivos (como Telesur, Vive TV y Encuentro), legislaciones antimonopólicas, fortalecimiento de medios comunitarios, fomento a la producción cultural y audiovisual independiente, frentes de cooperación regional, entre otras.
Para Moraes se trata del derecho de los Estados, y sus pueblos a construir su propia voz. En sus palabras: “La batalla simbólica por la democratización de la comunicación necesita cuestionar las verdades discursivas que los medios, como aparato privado de hegemonía, elaboran, diseminan y ambicionan perpetuar. La pluralización depende de varios factores, entre ellos el convencimiento público sobre la necesidad de espacios más libres de información y opinión, y la implementación de políticas públicas que promuevan una efectiva diversificación de los contenidos”.
En eso estamos.

(Publicada en la revista "Ni un paso atrás", octubre 2011)

Solá y Acompañada

La Chicana

Dolores Solá es la frutilla de La Chicana, el grupo que festejó sus primeros quince años de música con un disco doble y una serie de shows donde ella brilló con su voz y su estilo.

Por Luis Zarranz
La voz de Dolores Solá baja desde el escenario y flota entre la gente que la escucha con admiración. Ahí se queda, suspendida, en una especie de burbuja que tarda en deshacerse, hasta que hace plop y se desvanece. En ese instante, otro tono, otra nota, una melodía vuelve a fluir y se produce nuevamente el embrujo: la hipnosis colectiva, los rostros en trance y los oídos queriendo retener ese timbre de voz.
Aunque ya lanzó su carrera solista, la Solá se presenta ahora con su histórica formación, La Chicana, que decidió festejar los quince años de trayectoria con un disco doble, al que le pusieron un nombre combativo: Revolución o Picnic.
La banda hace tango trans: transgresivo, transgénico, transpirado, trasnochado.
En el disco A rinden tributo a sus más queridos maestros, con versiones de temas que van desde Troilo, Charly, Manzi, hasta Bertolt Brecht. En el B están las composiciones del omnipresente director Acho Estol: tangos, valses y milongas, pero también composiciones de cuño folklórico; chamarritas, cumbias, zambas.
En todos se luce la voz de Dolores, que a veces duele y otras alivia. Ay, Dolores: tiene una copa de vino en la mano, presenta cada tema en una ensayada improvisación, nunca parece soltarse del todo, pero cuando canta e interpreta las letras, querés que la burbuja no se deshaga jamás. Su voz es poética, potente, profunda, precisa, profunda: un enigma.
El show en el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF) es corto (demasiado) y mestizo: lo caracterizan una mixtura de géneros, ritmos y estilos, que se mezclan con el humo de las luces y con las luces del humor.
La Chicana se formó en 1995 con una convicción: “Que la esencia del tango se encuentra en el espíritu de rebelión y espontaneidad de las primeras décadas del siglo, lo cual lo aproxima en concepto más al rock que a las formas orquestales o jazzeras, académicas en suma, que lo popularizaron en el mundo desde la década del '40”.
Su propósito es “demostrar que el tango puede florecer como música popular y joven en las calles mientras continúa deslumbrando desde los grandes escenarios de todo el mundo”.

Con esas herramientas sobre el estuche sumaron sensibilidad, técnica, pasión y pasión (sí, dos veces). Sostienen que les gusta “la crudeza metálica, pero de sofisticada musicalidad, de las guitarras de Gardel”. Con tales elementos tocaron en Europa, Brasil, Canadá, China y hasta Senegal. Y ahora están partiendo la semana en un antes y un después que corta la noche como un navajazo violento y calculado.

Lola Solá anuncia, sobre el escenario, que firmó un contrato con una bodega y que, sólo por eso, tiene que beber mientras canta. El vino le mejora la voz y le desmejora el equilibro. Qué importa, nada importa: todo es poco para su delicadeza de barrio sin careta ni disfraz. Y, de todas formas, el público celebra su autenticidad.
Termina el show. La gente aplaude pidiendo más. La Chicana se va, vuelve; se va, vuelve (sí, dos veces también). Dolores dice gracias y hasta la próxima. Se retira. Se va con la música a otra parte.


(Publicada en la revista ¡Ni un paso atrás!, octubre 2011)

Teatro Abierto

“LOS DESCONTROLADOS DE BARRACAS”


Llegaron a la calle Corrientes con el mismo espectáculo callejero con el que deslumbran a vecinos y turistas. Allí demostraron la calidad y actualidad de sus obras

Ahí viene una adolescente de catorce años, tal vez algunos más, dale que dale al bombo y los platillos, meta murga. Hay algo en su rostro, no logro descifrar qué, que también se bate y se agita mientras el bombo empieza a generar una rítmica carnavalesca. Atrás suyo vienen otros, de edades dispersas, desfilando, en coordinado desorden, sacudiendo las piernas con agilidad gimnástica y febril entusiasmo.
Ahí vienen y tengo delante de mí a los “Descontrolados de Barracas”, vecinos con alma de murgueros, que están dando forma al primer cuadro de su espectáculo GPS Barrial (Turismo Humano) en el que presentan su tercer disco.
Miro la escena sentado, mientras más discípulos del Rey Momo siguen bailoteando sobre el escenario, en la tercera fila de un teatro de la calle Corrientes, ésa que se supone define el on y off de la escena teatral como si fuera un botoncito que prende y apaga.
Cuando dimensiono que los que están ahí arriba no son, ni quieren ser, actores ni bailarines profesionales sino vecinos, y que lo que están protagonizando es un espectáculo de teatro comunitario en el refinado Teatro Alvear, siento que la escena pone en crisis todo paradigma que pretenda definir qué es, y qué no, el “circuito comercial”.
Los paradigmas son válidos hasta el momento en que se derrumban y dejan de nombrar lo que anhelan. Hay algo en el espacio, en el ambiente, en la sala llena, en la calidad de este espectáculo de murga-teatro, en el pibe de 8 que tengo al lado y comprende todo con mucha más naturalidad que yo, en las escaleras que llevan a la alegría, en la dimensión en que están sucediendo las cosas mientras tomo nota, que me pide que anote esto: que hoy, aquí, se está gestando un algo que habla y me dice cosas de esta época.

LA TRIBU Y LA INCERTIDUBRE
Unos días después, cuando nos encontremos para charlar sobre el show, Mariana Brodiano, directora de la murga “Los Descontrolados de Barracas” del Circuito Cultural Barracas, también me dirá que “el teatro comunitario no está valorizado en cuanto a la excelencia que tiene como expresión artística, por lo tanto, está al margen de esos espacios de tanta vidriera”.
“En realidad, creo en la excelencia de lo que hacemos, y creo que puede ser visto en la calle, en una plaza, en un espacio barrial, pero también puede perfectamente presentarse en un teatro, donde, quizá, se pierde esa energía que tiene una función en la calle, pero se pueden apreciar otras cosas como las letras, matices musicales o de actuación, puesta de luces. La dispersión es mucho menor”, agregará luego.
Pero todo eso en unos días. Ahora, un grupo de turistas curiosos acaba de llegar a Barracas a conocer una extraña tribu: “La última comunidad del mundo donde los seres humanos viven y se relacionan como seres humanos, manteniendo vínculos afectivos y de convivencia, difíciles de encontrar en el mundo civilizado”. Esa rareza fue subida a Internet por un turista extraviado que, buscando Caminito, cruzó la avenida Patricios y despertó la curiosidad del mundo entero.
En ese marco, la tribu –con ustedes los “Descontrolados de Barracas”– hace de guía turística por el barrio para “enseñar a mirar”, según sostienen en la primera canción del show.
En este viaje les enseñan a los turistas a observar lo esencial: valorar que:, por ejemplo, “un bache no es un bache sino un yacimiento arqueológico urbano” que sirve para explicarle a los chicos que antes del asfalto hubo empedrado y previamente, tierra.
Con situaciones de este tipo, el GPS Barrial va guiando a los turistas a lo largo de su recorrido y, con humor e ironía, el público viaja también por los vericuetos y avatares del barrio para descubrir su topografía, sus miserias y sus orgullos.
Así, haciendo alarde de la tristemente célebre avivada porteña, “Los Descontrolados de Barracas” intentan sacarle provecho a nuestras dificultades sociales. Dice Mariana, la directora del espectáculo: “De alguna manera sirve para plantear que de humanos nos queda muy poco porque nadie se anima a abrir la puerta y hacer pasar a los turistas. Lo que tenemos a favor es que nos damos cuenta, que eso es recuperable”. Ahí mismo, plantea soluciones posibles: “Que dejemos de estar encerrados, atrincherados y que veamos lo que está pasando, que la forma no es atrincherarse sino al revés, salir”.
En medio de todo el relato, el choripanero del barrio, testigo de cuanto sucede, sirve para hilvanar los cuadros que componen toda la obra. Nostálgico de los tiempos en que nadie se quejaba del humo y que la vida en el barrio era más apacible, defiende y reivindica su oficio mientras convida a los turistas choripanes, de dudoso estado. Los seduce con una frase que merece ser repetida: “Lo bueno del choripán es la incertidumbre”.

VENTANA AL BARRIO
No hay manera de no añorar las relaciones humanas que el espectáculo anhela y que desde 1996 pone en juego el Circuito Cultural Barracas planeando un espacio de encuentro y de creación de vecinos para vecinos.
Es en ese aspecto donde Mariana Brodiano hace foco para narrar esta puesta que combina dosis de carnaval y de teatro. Es necesario, entonces, escuchar qué dice ella sobre lo que puso en escena, en esta creación colectiva: “El espectáculo anterior se llamaba ‘Cambio climático. Recalentamiento barrial’, en realidad de lo que hablaba no era del cambio climático literal sino del clima social que estamos viviendo, entonces lo incluimos dentro de esta guía turística y mostramos que estas cosas también pasan en el barrio”.
Con el propósito de mostrar lo que se quiere cambiar, la obra funciona como una gran ventana que permite ver, y re-co-no-cer, a cada uno de los personajes del barrio, en lo pintoresco y en lo patético. Detrás de eso van surgiendo las canciones de la murga cuyas letras, sí, rescatan las palabras que el Circuito Cultural Barracas intenta poner en práctica de lunes a lunes: solidaridad, compañerismo, creatividad, entre otras del mismo tono.
El rostro de Mariana esconde el paso del tiempo: mirándola es imposible descifrar cuántos años tiene. Los ojos se le ensanchan cuando la boca habla del Circuito, del que forma parte desde su constitución. Con ese bagaje encima, me intereso sobre las ventajas que ofrece el teatro comunitario. Me responde: “Me parece que es una forma de organización interesante, de poder juntarse y comunicarse con otros desde un lugar muy creativo, y siendo partícipe y protagonista de un hecho cultural, no solamente un mero espectador. Y además, es una forma de organización en la que no participás solamente el día que hacés la función: lleva trabajo en equipo. Acá no hay nadie que llegue con su traje y se ponga a actuar si no está en un equipo, de maquillaje, de vestuario, de utilería, de organización del espacio o de sonido”. Termina la idea con este concepto: “Es una forma de aprendizaje muy grande. Por eso nosotros decimos que es un proceso de transformación social muy importante, hay un antes y un después porque el afuera es muy distinto: te aísla, de vuelve individualista, te encierra, pensás solamente en vos. Y esto te permite abrirte y organizarte de otra manera, con otros; además de lo que significa el hecho creativo: juntarte para comunicarte, para contarle cosas a otros vecinos, del mismo barrio o de otro, de otras ciudades”.

DERRIBANDO MUROS
Mariana se sumó al Circuito Cultural Barracas siendo parte del grupo teatral “Los Calandracas”, que organiza talleres de reflexión y proyección de acciones posibles desde el hecho teatral. Desde diciembre de un ya lejano año 96 dicta talleres de murga en el Circuito y coordina la misma que, desde entonces, participa todos los años en los corsos porteños.
Aunque el número es variable, son alrededor de cien los vecinos que en lugar de meterse en sus casas prefieren emular al Rey Momo. Y entre todos, producen espectáculos como éstos, cuya calidad deshace el muro de lamentos que levantan muchos críticos para tenerles lástima y subestimarlos.
Con muchísimo laburo encima, y detrás, es que ahora están derribando otro muro para poner un pie, o los dos, en la mítica calle Corrientes, que tiene muchas luces, sí, pero que también niega lo que esconde. Hasta acá la historia no diferiría de otras tantas propuestas: la operatoria que merece ser celebrada, entonces, es que Los Descontrolados colocan esta presentación en igualdad de condiciones a la que frecuentemente hacen en su espacio o a la que una semana después los lleva a la sede de sus primos, el Grupo Catalinas Sur.
Así, presentarse en el Alvear no se traduce en una meta per se sino en un escalón más de esa construcción que desde hace quince años realizan para ser lo que son: “Trabajar en equipo te contiene, resolvemos cosas”, me sopla Mariana.

EL RECURSO DE LA AUTOGESTIÓN
En ese barco de la autogestión, ella también aprendió otros recursos: “Es un aprendizaje porque uno va sistematizando en el hacer. Yo, por ejemplo, impulsada por Ricardo Talento (el director del CCB), hace algunos años empecé con el tema de desarrollo de recursos, que jamás me hubiera imaginado que me podría interesar. Él visualizó que yo podía participar de eso y a partir de ahí coordino el equipo de recursos del Circuito, que es un paquetón porque para hacer funcionar semejante maquinola hacen falta recursos y no son fáciles de conseguir. Entonces una parte de tu cabeza tiene que estar todo el tiempo pensando en eso: en cómo proponer, formular proyectos, presentarlos y ésa es otra área importante”.

LÁ ÉPOCA DE LA CALLE
Vuelvo a todo lo que veo que está generando el show y le trasmito la inquietud a Mariana:

-¿Qué genera el espectáculo en el público?
-Siempre el humor es un buen aliado, un buen socio para llegar a distintas cosas donde uno pueda reflexionar. Nosotros lo utilizamos mucho. La murga es como el género de la parodia, de la sorna, y el humor permite que alguien se ría y diga “mirá, la puta madre: esto es así”, o “mirá cómo somos, lo que nos está pasando”. Y la risa te permite acercarte más a esa reflexión y me parece que tiene mucho rebote. En los corsos lo veíamos pero en el teatro, en el Alvear, no hay dispersión de nada, está concentrado. Y vimos que había micho rebote, que la gente se siente identificada con esto de la avivada porteña, de la situación en la que está nuestra ciudad.

-¿Y qué le pasa al vecino en la presentación?
-Me parece que es algo muy lindo y no sé si llega a tener conciencia de lo que está pasando, porque, en un punto, no deja de ser un juego y de tener la inocencia del juego, que es lo que nosotros tratamos de rescatar. En realidad en lo que hacemos tratamos de retomar el tema de cómo jugábamos y dejamos de jugar: cómo en un momento, cuando las personas se vuelven adultas, o antes, el juego se corta. Tratamos de retomar lo lúdico. El vecino siente eso pero no tiene esa cosa del artista, de “ahora viene el momento en que me convierto”. Y a veces lo tienen pero de una manera tan frontal que hasta es gracioso porque estamos cantando la canción final en algunos de los espectáculos y saludan a la familia. Y por otro lado es fuerte para ellos, porque es mostrarse frente a un montón de gente. Hay una cosa inocente y fresca que el actor profesional no tiene. Eso me parece muy rescatable

Ahí va terminando el espectáculo y la murga baja del escenario, bombos, platillos, baile y levitas en danza, y busca el hall y la calle. En el camino se funde con el público, tanto que se me hace difuso reconocer quién es quién. En la calle, sobre Corrientes, haciendo borrosa también la frontera entre escena y escenario, el show se prolonga en un éxtasis festivo y barrial que me saca la sobredosis de metrópolis que traía al llegar. Es precisamente en ese espacio en que sucede la acción donde este GPS Barrial (Turismo Humano) me transporta el espíritu y me da otra pista de la época que nos toca vivir.


(Publicada en la revista MU, octubre de 2011)

Qué ves cuando me ves

Entrevista a Alejandra Egido

Con el reestreno de “Calunga Andumba. Obra afroargentina para re-conocernos”, pone sobre el escenario el legado afro, con el propósito de barrer el racismo. Y deja una inquietud: qué somos capaces de mirar, y qué no.

Por Luis Zarranz
La puerta se abre rápido como una ráfaga. Alejandra Egido, actriz y directora teatral, cruza con ímpetu la frontera que separa la calle de este bar melancólico. Es puntual. Es cubana, es habanera y es afrodescendiente. Es cálida, potente y dulce. Es suave como la caricia. Ésas son las cartografías con la que la describen mis ojos y mi espíritu ni bien se acomoda en la silla.
Además, es la responsable del reestreno de Calunga Andumba, una obra escrita en los setenta por las hermanas Platero, que aborda el legado de la esclavitud y el racismo en la memoria de los argentinos. Fue estrenada en 1976 pero el genocidio interrumpió su realización. Calunga pretendía mostrar y romper la histórica indiferencia y el olvido de los descendientes de esclavos.
34 años después, el grupo TES (Teatro En Sepia), que dirige Egido, reestrenó la obra, en la que un grupo de jóvenes afrodescendientes buscan la historia de sus ancestros y le piden al Fuego que se las cuente. A través de la narración de éste los descendientes se ponen en la piel de los esclavos a la Argentina y representan sus vidas.
Frente al éxito que obtuvo en cartelera, volvió a reponerse durante los sábados de agosto y septiembre de este año con una concepción estética abierta, que le permite al público analizar el brutal comercio que supuso la trata de esclavizados africanos y establecer relaciones con un presente en el que la discriminación racial continúa. Por ello la obra transita dos tiempos teatrales.

Cuando Alejandra arribó a la Argentina, después de vivir algunos años en España, le dijeron que en el país “no había negros”, lo que le resultó un tanto extraño. Preguntó cómo era posible, si es que aquí hubo esclavos. La respuesta fue absoluta: “Todos murieron en la Guerra del Paraguay o con la fiebre amarilla”. Pensó: “Qué bien lo resolvió el poder, no dejó ni a uno”.
Nada de esa historia era cierta y lo comprobó cuando la invitaron a un encuentro en Cancillería, donde todo el mundo era afro; muchos, afroargentinos. Allí dijo que era actriz y podía ayudar a visibilizar esa cultura desde el arte.
Un año después sonó su teléfono. Del otro lado, el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) le ofrecía dirigir Calunga y conocer a la autora.
Surgieron algunos retrasos pero Alejandra empuja las puertas como el viento, así que ya no podían detenerla: logró que la obra fuera declarada de “interés cultural” por la Secretaría de Cultura. Y parió el estreno.
-¿Cómo trabajaste la adaptación?
-La obra está hecha por estampas y un trabajo dramatúrgico que no está hilado te permite entrar y salir en los tiempos, te da cierta licencia poética que fue de la que me aguanté. ¿Por qué razón? Estamos en el siglo XXI y entonces tenía que acercar la obra al público. No hay vestuario. La gente está con su ropa, los actores salen del público, de manera que podría ser cualquiera que está allí y quiera conocer su historia. La obra dura una hora y en una hora: todos juntos buscándonos,encontrándonos, reconociéndonos.

-¿Qué significó reestrenar la obra treinta y cuatro años después?
- Tiene otro sentido pero es el mismo viaje de búsqueda, encuentro y reconocimiento

-Como directora, ¿Qué es lo que más te interesa trabajar con los actores?
-Hay varias cuestiones estéticas que a mí me chiflan. Una es que ni remotamente todos los que actúan son afro, lo cual me encanta porque yo en definitiva, como cualquier actriz, sé perfectamente que el teatro es una convención. Si ahora mismo decidiéramos hacer Romeo y Julieta no hay porqué nacer en Verona. 

-¿Qué esperabas del espectador?
-El teatro es muy poderoso, lo que más soy es teatrista. El teatro es muy movilizador, entonces eso a mí me da mucho gusto porque esclarecer y transitar una historia puede darse por muchos caminos. Esperaba que sirviera para que seamos más los que buscamos, teniendo en cuenta todo lo que habla la obra

-¿Hay desconocimiento de la cultura afro?
-Creo que hay mucho que averiguar todavía. A mí sorprende que haya tan poco de la religión afro. Es interesante ver cómo acá los afrodescendientes argentinos responden a santos católicos. Es otro mundo pero yo creo que llegó el momento de ir buscando por muchos caminos diversas cosas. Dentro de algunos años sabremos muchísimo más.

-¿Qué pasó en el medio, desde aquella vez que te dijeron que “no había negros”, a comprobar que sí los había?
-Lo primero que me hizo fue correr a la Biblioteca Nacional, al Museo de Etnología, no sé ni cuántos libros me leí. No paraba. No paraba. Todo el 2009 me lo pasé estudiando. Fue increíble: salía de un libro y entraba en otro. Me decía "adónde me va a llevar". Esto es una locura mía, la pasión del creador es muy fuerte, por lo menos la mía. La pasión, la pasión, la pasión. Es un elemento a tener en cuenta

-¿Y qué es para vos?
-Salir de tu casa y sentarte a leer en el tiempo antes de ir a trabajar. Como decir “se puede, se puede, se puede”. Creo que si uno no está muy apasionado por algo que hace en el teatro, es mejor que no lo haga. Es en general, pero en el teatro, sin pasión, cuesta.

Percibo con qué énfasis pronuncia cada palabra y descubro, en cada milímetro de su cuerpo, eso mismo que me está queriendo decir con palabras y gestos. Por último, sostiene una frase que siempre dice su mamá: “Uno siempre se acerca a lo que quiere”. En ella creo entender muchas cosas, pero sobre todo porqué arribé al mundo que me acaba de señalar.


(Publicada en la revista ¡Ni un paso atrás!, octubre 2011)