domingo, 5 de diciembre de 2010

¿Sin cura?


“ABUSOS SEXUALES EN LA IGLESIA CATÓLICA

“En los últimos cincuenta años, más de 8.000 seminaristas, hermanos, frailes, sacerdotes, obispos, arzobispos, cardenales y monjas de la Iglesia Católica en todo el mundo han sido acusados como abusadores sexuales; por lo general, de personas del mismo sexo, y abrumadoramente en perjuicio de menores de edad”.
Ése es uno de los datos más impactantes, y se trata de un libro que desborda de pruebas contundentes, que figuran en “Abusos sexuales en la Iglesia Católica”, la exhaustiva investigación del periodista Jorge Llistosella que, en mayo de 2010, publicó Ediciones B.
Allí el autor desgrana minuciosamente el modelo sistémico que envuelve a la institución religiosa en torno a la pederastia: los abusos, los encubrimientos y complicidades, las extorsiones y el modus operandi para proteger y brindar impunidad a los abusadores, entre otras prácticas nones sanctas que incluso involucran, y con una contundencia incontrastable, a los dos últimos papas.
A tal punto llega ese nivel de encubrimiento que el 12 de abril de 2010 el Vaticano publicó online una guía de procedimientos para cuando se produjeran abusos sexuales cometidos contra religiosos. En ella otorga a los obispos el rango de jueces de primera instancia: “Cuando se produce una denuncia de un menor por un clérigo, la diócesis local es la primera encargada de investigar el hecho. Si la actuación tiene peso, el obispo local remite el caso con toda la documentación necesaria a la congregación vaticana y expresa su opinión sobre los procedimientos a seguir y las medidas que se adoptarán a corto y largo plazo”, expresa el decálogo papal.
Traducido: garantizar impunidad, que el tiempo pase, que los delitos prescriban, que se hable de los abusos como pecados y no como delitos. Y un procedimiento que expresa lo que la jerarquía viene realizando a rajatabla desde hace, por lo menos, cincuenta años: la protección de los involucrados, no la de las víctimas sino la de sus victimarios.
“El Vaticano crea una especie de fuero religioso. Yo me pregunto si una vedette, un albañil o un periodista pueden tener un fuero propio”, se interroga el autor delante de mí, mientras conversamos sobre su libro y compartimos un café. “Qué aptitud tiene un obispo para hacer esta investigación”, añade. Llistosella detalla el procedimiento: “En caso de que haya elementos probatorios, tienen que mandar todo al Vaticano. Esto está escrito, no lo digo yo. Allí, pasa a la Congregación para la Doctrina de la Fe, que estuvo presida durante 24 años por Ratzinger, el actual Papa. Lo que dicte la Congregación es inapelable. Si considera que el caso es muy terrible le puede solicitar al Papa que reduzca al “pecador” al estado laical. ¿Qué significa? Mandarlo a un convento, que no tenga visibilidad”.
La principal virtud de la investigación de este periodista de frondosa experiencia es que construyó un libro en el que lo más importante no es su palabra sino los documentos, encíclicas, pronunciamientos, declaraciones, noticias publicadas, despachos de agencia que aporta en él y que hacen que sea irrefutable.
La obra también aporta información sobre la pederastia religiosa en distintos países del mundo, con un extenso listado de los abusadores y los tremendos delitos en los que están involucrados que, aún descriptos con decoro, son inenarrables a punto tal de atascar la imaginación. Esa profusa contundencia, junto con la complicidad institucional de cada caso, es la que comprueba la gravedad de lo que estamos narrando.
Por supuesto, no es toda la Iglesia Católica la involucrada en este sinfín de delitos y aberraciones aunque sí una parte sustancial de su estructura. Sin embargo no hay mucho más que añadir si frente a los casos denunciados fueron protegidos con mucho mayor celo los abusadores que los fieles abusados. Es precisamente ahí donde la perversidad se revela en toda su dimensión.

(Publicada en la revista "MU", diciembre de 2010)

La bendición de la impunidad

JORGE GARAVENTA, PSICÓLOGO

Jorge Garaventa intervino como terapeuta en casos de abuso y escribió una docena de libros sobre el maltrato infantil. Para resumir su opinión sobre cómo resuelve la justicia estos tuvo que inventar nuevas palabras para definirlos.

Jorge Garaventa tuvo que inventar una frase para analizar desde su mirada experta uno de los fallos sobre los abusos sexuales en el colegio Nuestra Señora del Camino que involucran a personas relacionadas con la Iglesia católica. Lo llamó “ostentación de la impunidad”.
Él mismo aporta detalles de su definición: “De lo que se trata es de la impunidad, pero no de lo que ocurre sencillamente cuando un crimen queda impune sino de cuando está claramente al servicio de los efectos que busca producir. Hablamos entonces de la ostentación de la impunidad, es decir de cuando ésta no solo no se oculta sino que se muestra obscenamente para grabar un mensaje en las víctimas. Éstas, a su vez, deberán ser vehículo de desaliento. La ostentación de la impunidad retrotrae a las víctimas al momento mismo de la perpetración del abuso con el agravante de que vuelve de una esperanza cercenada de que su vida podría ser de otra manera…se cierra el último horizonte posible…”.
Garaventa es psicólogo, orientado en temas de maltrato y abuso contra la niñez, coautor de 12 libros en la especialidad, además de numerosos artículos. Ha sido perito de parte en varios juicios.  Es una voz capacitada y respetada en cuestiones referidas a abuso sexual infantil. Y es la persona capaz de aclararme todo lo que aún se me hace difuso.
Así comienza: “Las consecuencias psicológicas que arrastran los menores abusados siempre son devastadoras. Algunos autores hablan de sobrevivientes justamente porque se produce un arrasamiento psíquico de tal magnitud que parecen muertos en vida. Si se dan determinadas circunstancias esta situación es superable. Depende del grado de credibilidad con que se reciba su relato, de la contención que le de la familia, de que su palabra circule, y de que la justicia cierre el círculo con la reparación simbólica que significa un fallo condenatorio”.
Pienso en los casos aquí narrados, vuelvo a ese círculo del que me habla Garaventa y empiezo a comprender algo de lo que él había expresado en su defininición: “El caso de Nuestra Señora del Camino es insólito y si uno hace una lectura profunda no se sostiene, porque estuvo diseñado para arribar a una sentencia ejemplificadora que busca escarmentar y desalentar nuevas denuncias por abuso sexual infantil".

-¿En qué medida un niño puede ser, psicológicamente, inducido a relatar un caso de abuso sexual?
-Hay dos teorías pseudo científicas, la de la alienación parental y la de la co construcción que sostienen la posibilidad de que un niño pueda mentir en el relato de un abuso sexual que podría haber sufrido. Básicamente son similares y mientras una pone todo el acento en la forma en que la madre programa al niño en contra del adulto abusador, la otra hace hincapié en el trabajo para co construir con el niño la falacia acusatoria. Demás está decir que ambas teorías son utilizadas exclusivamente en juicio por las defensas de los abusadores.

-Supongamos que exista un caso en sucediera tal inducción. ¿Cómo sería posible que un niño sostuviera la mentira en el tiempo?
-En el poco probable caso de que un niño mienta en esas circunstancias, el relato cae rápidamente, se torna inconsistente y contradictorio. Pero además, siempre hay circunstancias concomitantes que permiten la validación. Hago una aclaración fundamental: no es lo mismo un relato contradictorio que una retractación. Los niños generalmente han sido abusados por un adulto cercano y querido, ya que la seducción ocupa un lugar central. Eso trae como consecuencias un coctel psíquico explosivo, mezcla de culpa y temor que lleva a retractarse temporariamente de lo que denunció. No entra en contradicciones sino que afirma que todo lo dicho anteriormente era falso. Es importante conocer esta etapa porque luego, a la brevedad, todo vuelve a su cauce y la acusación se sostiene.

PERITOS Y PRURITOS
Garaventa me brinda más pistas para comprender cómo funciona el mecanismo. Puntualmente, me orienta sobre las pericias psicológicas que muchas veces se convierten, por los fallos judiciales, en el centro del debate: “La psicología pericial ha alcanzado un desarrollo importantísimo en nuestro país. Es un auxiliar fundamental de la justicia. Pueden validar o invalidar conductas y situaciones con un alto grado de aproximación, pero no confundamos: el perito, ni condena ni absuelve”. Agrega: “El juez Carlos Rozansky suele manifestar que en cuestiones periciales pasan cosas llamativas ya que los jueces en contiendas, por ejemplo, de cuestiones edilicias o de demarcaciones de lotes de terreno no vacilarán en dar crédito a la intervención de peritos y mucho menos pondrán en duda su formación, la cual por lo general dan por sentada. Sólo ante dudas muy severas se convocara a otros peritos. Sin embargo, cuando se trata de casos de abuso sexual infantil la actuación de los magistrados suele ser llamativamente diversa, analizando, discutiendo o rechazando conceptos periciales con argumentaciones para las que carecen de formación alguna”.

-¿De qué manera suelen expresar los chicos abusados los hechos de los que fueron víctimas?
-La palabra es apenas un recurso más, mediante el cual es posible detectar el abuso sexual infantil. Cuando un niño ha sufrido esa situación lo primero que se advierte es un cambio abrupto de conducta, una regresión a etapas anteriores y algunos síntomas: euresis, encopresis, retraimiento, terrores nocturnos, angustias, llantos inmotivados, hiperactividad, distracción marcada, etc. Éstos son signos inespecíficos que junto a otros permiten diagnosticar el abuso con claridad, y siempre son específicos indicadores de que algo grave le está ocurriendo al niño. Cuando se trata de abuso sexual infantil sólo en contados casos hay violencia directa. En la mayoría de las situaciones hay por parte del abusador una paciente y sistemática actitud de seducción. Esto trocará luego en actitudes de extorsión y amenazas, que es una de las características principales del delito.

-Según su experiencia acompañando a muchas víctimas, ¿cómo trata la Justicia a las y los menores que fueron abusados?
-Hay loables excepciones pero, lamentablemente, el pasaje de los niños por los tribunales es la historia del maltrato institucional y la victimización, el ninguneo y la invisibilización de su dolor. Casi todos los esfuerzos apuntan a garantizar los derechos del acusado, que sería lo correcto si hubiera correspondencia en relación a los derechos de la víctima.

Me detengo en la esta última frase para dimensionar la carrera de obstáculos que las instituciones les plantan a las víctimas que, a prueba de todo tipo de impedimento, se atreven a denunciar los abusos. Por primera vez en todo el relato me siento cerca de ver con precisión el macabro mapa que define cómo funciona este perverso sistema.
Sin embargo, me falta una pieza central, la que sostiene todo el engranaje: qué reacción genera en la sociedad. Garaventa me ayuda a pensar: “El horror hacia la pedofilia es débil, temporal y poco creíble. A menudo se desplaza con rapidez hacia la revictimización consistente en suponer que la víctima algo habrá hecho para transitar sus padecimientos, o que éstos son sencillamente productos de sus fantasías o de la sugestión materna, en conflicto con el padre. Esto se fundamenta en el Síndrome de Alienación Parental (SAP), que es una conceptualización por la cual se supone que los chicos son programados para repetir determinadas historias inventadas por los adultos”.
Garaventa me aporta una pista, que es la base con la que trabajan los psicólogos especializados: “Hay elementos concretos que permiten determinar si un chico dice la verdad o no. En los casos de Mar de Plata se trata de niños que tenían 3 y 4 años, y a esa edad no pueden hablar de cuestiones sexuales que desconocen, mucho menos con la precisión con que lo hicieron. En sus testimonios, hicieron alusiones a situaciones genitales concretas que son imposibles de ser fantaseadas y sostenidas en el tiempo”.
Por último, Garaventa me dice otra frase potente en la que observo el valor terapéutico de la verdad, y la perversidad con la que la Justicia fortalece, con uno nuevo, el abuso inicial: “Lo que no se puede ni se aconseja hacer, porque los resultados serían terribles, es meter la basura debajo de la alfombra”.
Eso es exactamente lo contrario a lo que, en la mayoría de las veces, propugna la maquinaria judicial cuando funciona burocrática, lenta y displicente.

(Publicada en la revista "MU", diciembre 2010)

Bien Plantados

El 2010 ha sido un año intenso para la banda Arbolito. Presentaron nuevo disco sobre el escenario, llegaron al Luna Park, hicieron giras por diversos puntos del país y confirmaron la intensa relación que mantienen con su público. Referentes de un público cada vez más ancho, en esta entrevista hablan de todo eso y de cosas tan intensas como el despertar de la conciencia, la autogestión, el rock, el folklore, sus referentes y el Sur.

Por Luis Zarranz
La puerta blanca que está frente a mis ojos separa, en este preciso instante, la calle y la sala de ensayo donde me esperan dos de los Arbolitos. El timbre no da signos de vida alguna hasta que en el tercer intento –no podía ser de otra manera, dado el dicho– la puerta se abre como un suspiro.
Avanzo con timidez y retraimiento mientras una persona, que supongo un colaborador de la banda, me va guiando hasta el subsuelo donde veo a Ezequiel Jusid (guitarra acústica, eléctrica y voz), y a Diego Fariza (batería y bombo leguero), entreteniéndose con unos instrumentos.
Digo las dos palabras claves: “Al Margen”. El efecto es inmediato:
-Uyyy, qué buena onda. ¿Cómo andan los pibes? ¿El “Pollo”? ¿Freda, Fedra, cómo era el nombre? (N de la R: se refieren a nuestra compañera, Fedra Spinelli que les ha seguido el rastro durante varias temporadas).
Una vez más, la revista que tenés en tu mano me está llenando los pulmones de aire fresco aquí, en una ciudad que aún se sigue llamando Buenos Aires pese a que su nombre sea una farsa.
Como pasa siempre en estas cuestiones, el mate grita “presente” con una prontitud insospechada. Nos sentamos en unos silloncitos que hay en una de las esquinas de la sala mientras intento tomar registro de mis sensaciones. Me viene rápido esta frase que refleja cómo me siento: como en casa.
La yerba húmeda perfuma la conversación. Lo que siguen son casi dos horas de diálogo, de las cuales aquí intentamos contar los aspectos más interesantes.

-¿En qué etapa de maduración se encuentra la banda?
Ezequiel: -Con el último disco (“Despertándonos”) nos dimos cuenta, ensayándolo y grabándolo, de que estamos en una maduración musical, como que fuimos creciendo de a poquito y ahora tenemos bien claro cuál es el sonido de Arbolito

-¿Y cuál es?
E: -Quizá la madurez de una banda de más de diez años se nota de toque. Nos conocemos entre nosotros, sabemos qué es lo que esperamos de cada uno, y ya es un ejercicio bastante entretenido hacer una canción. Cuando empezamos no sabíamos si iba una flauta, un violín o un bombo leguero. Ahora sabemos que lo que cada uno ponga va a ser “lo” Arbolito. En este momento estamos tratando de profesionalizar el show y nos cuesta. Después de haber tocado tanto en la calle y tan desprejuiciadamente largos años estamos en ese proceso de poder plantarnos en un escenario y ser lo más profesionales posibles.

Ese sonido Arbolito fusiona rock con ritmos folklóricos argentinos y latinoamericanos. La banda surgió en 1997, integrada por egresados de la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Su nombre es en honor al indio ranquel que -según narra Osvaldo Bayer en "Rebeldía y esperanza"- degolla al Coronel Rauch, en venganza por el genocidio cometido contra su comunidad.
Sus shows tienen una receta nada secreta: “fiesta”. Con esa pócima, tocaron en cientos de plazas, fábricas, asambleas y cientos de espacios comunitarios. 
Con su último trabajo, ya editaron seis discos. Tras varios años de autogestión, en el 2007 firmaron un contrato con una discográfica multinacional (Sony/BMG), hecho que generó murmullos entre varios de sus seguidores.

-Llevan más de diez años de recorrido, muchos de ellos de manera autogestiva y ahora con Sony. ¿Qué fortalezas y debilidades observan en cada uno de esos momentos?
E: -La autogestión es fundamental para cualquier banda. Es algo que vamos a estar orgullosos siempre, por haber podido caminar diez años totalmente solos haciendo lo que queríamos, bien o mal, pero sin esperar que venga nadie a darnos nada. A raíz de esa autogestión, es que se acercó Sony a querer editarnos los discos: si no, no hubiésemos estado en una compañía, o hubiésemos estado de otra manera. Para nosotros la autogestión es parte de nuestra identidad.
Diego: -Sony aportó algo que tiene que ver con los discos a nivel del sonido que se consigue, eso te cambia, está bueno a nivel musical.
E: Es lo más importante que nos da estar con una compañía, y que los discos estén en la disquerías y que no tengamos que estar nosotros pendientes, juntando la guita para hacer más. Después, seguimos siendo autogestivos en todo lo que hacemos porque el contrato que tenemos dice que Sony solamente tiene que ver con los discos, no con nuestra carrera ni con los shows. Es sólo para producir los discos, que se graban bien y están en todas las disquerías. Es bastante para lo que nosotros necesitamos.

-¿Pensaron en el “qué dirán”?
D: -Lo pensé desde el público pero también creo que está clarísimo que seguimos haciendo lo que nos gusta hacer: no corrimos el eje ni nada por el estilo, nos profesionalizamos a nivel sonido, nada más. La cuestión es que nosotros estamos contentos porque llegamos a ese lugar, ya puestos en una situación en que podíamos mantener nuestros principios y ellos aceptaron. No hubo peros.
E: -Incluso el primer disco que hicimos con ellos (“Cuando salga el sol”, el anteúltimo) están Moira Millán, con un texto que es una patada en los dientes, Osvaldo Bayer, y todo salió como nosotros quisimos, no hubo ningún cuestionamiento. Ellos quieren vender discos y si a nosotros nos va bien por qué van a querer cambiar lo que somos. Si no no hubiesen venido a hablarnos. Al principio teníamos esa cuestión con el público porque sabíamos que iban decir ‘eh loco, se vendieron’ pero también sabíamos que cuando saliera el disco íbamos a demostrar que no. Y después seguimos tocando en Zanón, en comunidades, junto a las Madres. Vamos a donde queremos ir.

EL DESPERTAR (DE LA CONCIENCIA)
-¿En qué cosas estamos “Despertándonos”, como dice el nombre del último disco?
E: En muchas cosas, más allá de que estamos todavía en el horno. Uno siempre le pone la cuota de optimismo, está claro. Creo que estamos despertándonos en la conciencia de la gente de que se puede cambiar y se puede estar mejor. Somos de una generación que iba en caída, en picada, eso hizo que muchos pibes queden hechos mierda, que haya un vacío enorme en muchos lugares, en mucha juventud, un vacío en la cabeza. Y lo que estamos viendo ahora es un despertar de conciencia de que se puede cambiar. Los pueblos originarios, por ejemplo en Bolivia, concretamente. Ahí, lo están cambiando ellos mismos después de siglos de una realidad contraria a todo lo que son. Si está bien o están mal, el tiempo dirá.

-¿De qué manera se sienten parte de ese despertar?
E: -Sin darnos cuenta, por ejemplo, nos fuimos metiendo en la resistencia de los pueblos originarios, en esa lucha. Sin darnos cuenta, porque le pusimos el nombre a la banda como símbolo de esa resistencia pero no éramos militantes del asunto. Y así empezó, a partir de la historia de Osvaldo, empezamos a estar mucho en contacto, nos llamaron de muchas comunidades para participar, no sólo de recitales sino de actividades, celebraciones que nos han hecho aprender mucho. Una banda tiene esa ventaja: que mucha gente te pueda escuchar y que eso la movilice a pensar y a hacer algo; a nosotros nos pasa eso muchas veces.

-En una de sus canciones (“Sobran”) hablan sobre los políticos pero bien sabemos que todo acto es político. ¿Cuáles les parecen que son los más importantes de Arbolito?
D: -Cada vez que subimos al escenario porque es como un disparador de cosas.
E: -El hecho político es estar haciendo cosas, conscientes de que uno hace lo que quiere y con la ilusión de que las cosas mejoren. Nosotros hacemos música desde ese lugar, no desde una militancia estricta. Sí acompañamos a muchísima gente que milita y hace cosas. Pero nosotros hacemos música pensando que, ojalá, ayude a mejorar las cosas, eso ya es un hecho político: que una canción despegue y alguien se identifique con eso y pueda llevar a alimentar su lucha, está buenísimo.

-Hacen honor a Osvaldo Bayer en muchas de sus canciones. ¿Qué otras personas alcanzan, también, para ustedes, la categoría de “referentes” desde lo musical y desde lo ideológico?
E: -Musicalmente hay un montón, desde lo que es folklore o música latinoamericana: el “Cuchi” Leguizamón, Peteco Carabajal, el “Chango” Spasiuk, los grupos chilenos que en su momento hicieron lo que hoy, quizá, hacemos nosotros: Los Jaiva, Congreso; y después somos súper rockeros, escuchamos mucho rock, básicamente de los setenta por una cuestión generacional
D:-Sí, más o menos lo mismo. Me quedé pensando en la otra parte, en lo ideológico. Desde lo mUsical, sí, el “Chango”, Peteco y un montón más. Desde el rock soy ricotero.
E: -Desde lo ideológico un referente grosso es Diego Capusotto: es un capo total, más allá del humor, es un capo desde la bajada que tira hacia un montón de temas que nunca se tocaron. Yo creo que es una de las personas más importantes de la Argentina, sin duda, y más allá del humor que, lejos, es el mejor. Pero todos los temas que toca, sabe mucho de cada cosa, es un referente importante para muchos pibes. Y Evo Morales también, es alguien a quien mirar y admirar. Lo escuchás hablar y lo que hizo y cómo lo está haciendo… ojala pueda seguir haciendo lo que quiere. Además, obvio, las Madres y las Abuelas. Hebe, más allá del terremoto que es, a mi me encanta. Es una de las personas más grandes de este país, es una luchadora tremenda.
D: -Es tremenda

LA PÓCIMA DE LOS SHOWS
A esta altura de la charla han pasado: dos rondas de mates, varias llamadas perdidas de celular y se han fortificado esos lazos invisibles (¿o no tanto?) que nos hacen empatizar. A cargo del timón con forma de termo, Diego distribuye el mate con una sapiencia admirable. Ezequiel, apoltronado en uno de los sillones gesticula cada una de las palabras. Habla la mano que se mueve, las cejas que se entrecruzan, las piernas que danzan. Es un todo expresivo que responde de igual manera la siguiente pregunta.

-Si algo define los shows de Arbolito, además del compromiso, es ese clima de fiesta de entrecasa, casi cómo estar yendo a la casa de un amigo a pasarla bien. ¿Ustedes lo viven así?
E: Sí, es una característica de siempre. Desde que arrancamos tocando en Parque Lezama, un viernes o un sábado por mes hacíamos una fiesta, armábamos una barra, poníamos disk jokey y se generaba una fiesta, más allá de tocar. Es una manera de entender la lucha o la resistencia, que es uno de los cambios que vemos en la actualidad: se vive con alegría. No sólo en lo que hacemos nosotros, sino en muchos lugares se está resistiendo pero con alegría. Es un poco la diferencia con la canción de protesta de los setenta. Quizá no pasa en ciertos partidos políticos que han quedado medios estancados y siempre andan con esa cara fruncida y enojados, cuando si se puede luchar o denunciar, o tratar de cambiar las cosas con alegría, con fiesta, con Fernet, con chicas, mucho mejor.

-¿Qué objetivos tienen para el futuro?
E: -Seguir presentando el disco en los lugares que más podamos. Ahora, en el verano estar en los festivales, Cosquín, Baradero.
D: Nos llaman los folkloristas, no los rockeros
E: Los rockeros no nos quieren porque metemos un charango, una quena.

-¿Hay más pruritos en el rock que en el folklore?
E: -Sí, muchísimos más. Eso cambió como loco. Se dio vuelta. El folklore está mucho más abierto. Al rock, que es la música de la rebeldía, se lo comió el mercado y ahora son todos festivales de grandes marcas.

-¿Qué significó para Arbolito tocar en el Luna Park?
D: -Estuvo muy bueno. Son esas fechas en las que podés llegar a un rango de público muy amplio. Imaginate que fueron casi cuatrocientos chicos (entraban gratis). Había gente mayor y muchos jóvenes. Queríamos un lugar al que pueda ir la familia. Nos costó un huevo convencer a los del Luna de la promoción para que los chicos entren gratis, nos querían matar pero, bueno, lo logramos. Fue una las devoluciones más lindas, que los padres puedan ir por primera vez con sus hijos a un recital y compartir un montón de cosas.

EL NORTE ES EL SUR
Las agujas del reloj han dado dos vueltas completas desde que empezamos a conversar, aunque el tiempo interno tenga otro registro. La mirada perfila hacia el sur y allí aparecen los distintos recuerdos patagónicos, entre los que se destacan los recitales que dieron en la recuperada FaSinPat (Fabrica Sin Patrones, ex Zanón), en Neuquén capital. “Fuimos tres veces. Impacta que siempre están contentos: hay una alegría y un orgullo tremendo por lo que están haciendo. La experiencia esa es fortísima. Estamos con ganas de ir de vuelta, hace un par de años que no vamos.

-¿Y a Bariloche?
E: -También, lo mismo. Esperamos poder ir pronto.

-La última, ¿cómo describirían con adjetivos la Patagonia?
E: -Hermosa, inmensa. Es uno de los lugares más lindos que conozco. A mí lo que más me pega es la inmensidad y el poder que tiene la naturaleza ahí, la potencia.
D: -Tremenda. Cierro los ojos y me veo allá.

(Publicada en la revista "Al Margen", Bariloche, Río Negro, diciembre - enero 2011)

viernes, 5 de noviembre de 2010

El verdadero malón

MARCELO VALKO

En su libro Pedagogía de la desmemoria analiza la herencia de negación del genocidio indígena que logró, entre otras cosas, el saqueo de 42 millones de hectáreas.

“Todo genocidio es heredero de un genocidio anterior”. Con esa oración, con la que comienza el primer capítulo de “Pedagogía de la Desmemoria. Crónicas y estrategias del genocidio invisible”, Marcelo Valko emprende la extensión de la frontera que al hablar de genocidios nos detiene únicamente frente a la atroz dictadura de Videla, Martínez de Hoz y CIA.
De esta manera, empieza a desinvisibilizar la masacre contra los pueblos originarios que tuvo (y tiene) lugar en nuestro país. Y algo más: presenta pruebas contundentes e irrefutables que señalan y comprometen a sus responsables materiales e intelectuales, y a los  que dieron amparo político y discursivo, enseñando a ejercitar el olvido y la desmemoria.
Un libro imprescindible, no para guardar en la biblioteca sino para despertar. Para pegárselo en la frente. Un trabajo que revela y rebela. La isla Martín García como campo de concentración (tan feroz como la propia ESMA), el terrorífico protagonismo de la Iglesia católica, los Mitre, Sarmiento, Alsina, Roca, Rosas, entre otros tantos que más que monumentos merecen el repudio. De tan minucioso, el libro es abrumador En verdad, lo que escribió Valko no es un libro: es un prontuario.
            Así continúa ese primer capítulo: 
Matanza hereda matanza. La desmemoria hereda olvido. La impunidad traslada el espanto una y otra vez y la invisibilidad se instala. No existen genocidios sin la complicidad de las mayorías. Y no existe la necesaria dosis de complicidad sin una buena coartada que justifique la indiferencia y el silencio general frente a la matanza.

Nuestro Holocausto
            Marcelo Valko tiene la estirpe de los hombres simples, la humildad de los sabios y una mirada transparente que dice mucho más de él que de lo está observando. Su voz es fina y petisa con quiebres, como saltos irregulares de un río caudaloso. No eleva el tono. No da cátedra. No posa. Habla, también, con la piel, que se eriza cuando lo que narra le cala hondo. Un sensible, pero no sólo eso. Un intelectual que piensa con los pies, haciendo, y un tozudo y constante al que para hacerle bajar los brazos hace falta mucha astucia.
            Con esas cualidades logró que, tras meses y meses de vericuetos, el propio cardenal Bergoglio le abriera los archivos del Arzobispado de Buenos Aires, esos que callan más de lo que cuentan, salvo cuando caen en manos como éstas. Además, accedió al Archivo General del Ejército, de la Armada, de los Salesianos, entre otra gente preocupada por la memoria (para ocultar todo lo que se pueda).
            Es psicólogo, se dedica a la investigación antropológica, dirige proyectos sobre imaginario andino en la UBA y es docente fundador de la Cátedra  “Imaginario Étnico, Memoria y Resistencia” en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo. Antes de este trabajo, en forma de disparo al olvido, publicó “Los indios invisibles del Malón de la Paz. De la Apoteosis al confinamiento, secuestro y destierro”. “Hace mucho tiempo que trato el tema de la invisibilidad. Hasta no hace demasiado, nuestra Constitución establecía la obligación de convertir los indios al catolicismo. No sólo les quitan la tierra sino el nombre”, dice con una presumible mueca de indignación.
Más: “Lo que sucedió en América es el mayor genocidio en la historia de la humanidad. Y el segundo es el que le sucedió a los africanos que vinieron como esclavos. Hay mucho interés en manipularlos y ocultarlos. En Argentina es más frecuente hablar del Holocausto judío que del de los indígenas porque acá se repartieron 42 millones de hectáreas. Hay mucha gente implicada, muchos intereses, mucho diario La Nación, mucho Mariano Grondona. En cambio hablar de los nazis de Alemania es políticamente correcto”.
Como investigador académico, Marcelo rompe ciertos moldes y crítica, también, a muchos de sus pares y a las oenegés: “Ocuparse de los pueblos originarios es, académicamente, muy bien visto. Es cavar y buscar huesitos, sacar restos óseos, fecharlos con Carbono 14 y ponerlos en la vitrina para llevarlos a un congreso en una ponencia de 30.000 caracteres. Eso es muy agradable. Ahora, ocuparse de un indio vivo, que sueña, trabaja y transpira, que quiere sus tierras y no tiene trabajo y está en la nada, eso no: no conseguís subsidios, es dificultoso…. El indio muerto ejerce fascinación y los vivos, desprecio”.

La Historia según el Mago Merlín
“Pedagogía de la Desmemoria” es, entonces, un minucioso y documentado testimonio de las aberraciones contra los pueblos originarios y un detallado registro de las estrategias para legitimar la masacre. En uno de esos capítulos, Valko hace, por ejemplo, un rastreo bibliográfico de libros de textos, en donde los indígenas aparecen siempre en pasado: “Habitaban, cazaban”, como una forma de demostrar que ya no existen.
“Es el Mago Merlín, que es Bartolomé Mitre”, dice Marcelo: “Él va a tener el mérito de escribir la historia a piacere; va seleccionar, incluso, quiénes serán nuestros ‘héroes’ pero como dijo Homero Manzi: al morir dejó un guardaespaldas formidable de su memoria: el diario La Nación”.
            Más sobre nuestros próceres: “Rosas mató más indios que Roca. La relación es de tres a uno. Tenemos cartas terribles a Facundo Quiroga donde le describe los procedimientos. Dice ‘hay que tomar solo dos o tres prisioneros representativos, a los demás se los ladea del camino y se los fusila’. Esas cartas las tenemos aunque todos hablen de ‘Rosas y sus indios amigos’, que los tenía, pero que cumplían funciones parapoliciales”.
Marcelo siente el dolor de este pasado como si estuviera ocurriendo ahora mismo. No hace falta ser muy avezado para darse cuenta cómo estos temas lo interpelan, mucho más allá del investigador que es, en las células cutáneas de su ser humano. Se impacienta como si pudiera hacer algo para modificar ese pasado. Sí puede y lo está haciendo: contarlo. Visibilizar este genocidio invisible es ya modificar una parte constitutiva de él.
Como desánimo no es una palabra que se halle en su diccionario, ya anda preparando el segundo tomo, con más pedagogía de la memoria, más allá de 1885 que es el límite temporal hasta el que llega esta investigación.
Otros ejemplos de la “civilización” contra la “barbarie”: “En la historia de la humanidad, en cuanto a líneas de separación, la que más se destaca es la muralla china. La segunda, es la “Zanja de Alsina”, una iniciativa de Adolfo Alsina: construir una zanja de 830 kilómetros de largo, desde Bahía Blanca hasta Córdoba, un mapamundi entre el bien y el mal. ¿No es tremendo?”. Marcelo se pregunta y se contesta solo: “Como los argentinos no somos chinos y no tenemos su paciencia ni su constancia, de los 800 Km. no se terminaron ni 350 aunque el Estado puso muchísimo dinero para separar a los humanos de los subhumanos. Pocos países hicieron algo semejante. Es parecido a lo de Israel con Palestina pero en zigzag”, dice para nombrar otro genocidio invisibilizado.

Perdona nuestros pecados
De Alsina a Roca hay un trecho más pequeño que la zanja pero la misma continuidad genocida: hermanado con ambos aparece monseñor Federico Aneiros, director del Consejo para la Conversión de Indios al Catolicismo, un organismo tan siniestro que pocos adjetivos lo definirían con precisión.
Valko aporta un dato sobre la pedagogía eclesiástica, con un pedido explícito a los lectores de MU, de difícil cumplimiento: “Les pido que vayan a la Catedral Metropolitana y miren cuál es la única estatua de un arzobispo argentino hecha en busto entero de mármol de carrada: León Federico Aneiros. Su mérito es haberse apropiado de las almas de los salvajes, convirtiendo niños al catolicismo y haber dado cobertura al archipiélago de campos de concentración que tuvimos y que no inauguraron Videla y Massera sino que son parte de una larga y triste tradición argentina”.
Los enumera según su ubicación: “Trelew, General Conesa, Junín, Olavarria, Tigre, Retiro, en Hipólito Yrigoyen y Sánchez de Loria, donde hoy está el Ejercito de Salvación; y por supuesto, la isla Martín García que supero a la ESMA en cantidad de detenidos”.
Triste privilegio: “El horno crematorio, que es de 1874, lo inauguró el padre del aula, Sarmiento inmortal, 29 años antes que el crematorio de Chacarita. Tengo datos de diarios uruguayos que relatan que cuando ya no dan abasto, tiran a los indígenas al agua. No se le puede negar consecuencia al Ejército: estuvieron un siglo entero haciéndolo. Los uruguayos se quejaban, no porque la corriente arrojara indios muertos, sino porque tenían viruela y ellos bebían de esa agua. El virus les fue infectado a los originarios confinados en la Isla por el militar Sabino O’Donnell”
Valko lee el libro en voz alta con más datos irrefutables: “‘Marzo de 1879. Seguimos siempre enseñando y bautizando, y de cuando en cuando sepultando. Estos indios se mueren como han vivido. En la pampa se llevaban ganado y aquí en pocos días se roban el cielo. Bendito sea dios y vuestra excelencia’. O sea que si eras un ranquel o un mapuche y te secuestraban en la pampa o la Patagonia, te llevaban en barcos inhumanos, te tiraban en Martín García donde te contaminaban con viruela, y mientras agonizabas te decían ‘hijo mío, ¿querés ser bautizado’? Los tipos decían ‘Ahh’ y ellos interpretaban que era un sí. Ahí, ya bautizado, te morías y te transformabas en un ladrón del paraíso. ¿No está bueno?”.
            Boletín Eclesiástico. Textual: “Nombres de los indios bautizados en Martín García en enero del 79, y todavía vivos el primero de abril”. Marcelo: “¡¡¡Era noticia que estuvieran vivos dos meses después!!! Las tazas de mortalidad eran tan elevadas que si estas personas vivían tres meses era sorpresa. Se sentían tan impunes que lo publicaban”. De la Isla Martín García, hoy destino turístico para despejarse de Buenos Aires, Valko accedió, como a éstos, a múltiples registros de bautismos, libros de muertos y cartas de los propios involucrados. Lo mucho que leyó le permite asegurar: “Fue un festival del horror”.
Por último, este hombre que en silencio hizo un libro que grita, lanza su última reflexión, con una pregunta cuya respuesta es un golpe de knout out a las estrategias invisibilizadoras: “Nosotros no tenemos ningún bicentenario: somos milenarios. ¿Por qué nos amputamos la historia?”

(Publicada en la revista "MU", noviembre de 2010)

Plantar rebeldía

ARBOLITO

Ritmo latinoamericano y letras que sacuden el alma los convirtieron en aliados e batallas sociales. Tras llenar el Luna Park, siguen cosechando el éxito de la autogestión.

Odio viajar en las horas pico: cuando me senté, cuando ¡por fin! desplomé mi cuerpo sobre el desorbitado asiento negro de la línea 6, tras ver, parado, media ciudad por la ventana del colectivo, ya debía haberme bajado, por lo menos, quince minutos antes. Un cuarto de hora, más los diez minutos que tardé en avivarme…
Ahora, que desando –a pie– los veinticinco minutos que hice de más, Parque Patricios se me mete en el cuerpo con la virulencia de un huracán. Surco sus calles de barrio, habiendo ya recuperado el sentido de la orientación, con la cabeza hacia arriba, como un nene que es llevado en cochecito, disfrutando sus terrazas al aire libre.
El cielo, gris e hinchado como la panza de un burro, me obliga a apurar el paso. Por fin llego.
La dirección de una supuesta sala de ensayo: una escéptica puerta blanca agrisada e irregular. Conjeturo que detrás de ella me esperan los integrantes de Arbolito, mate en mano y las manos en algún instrumento.
Al segundo timbre, la puerta se abre vergonzosamente. Ya estoy adentro, lejos de la tormenta y los colectivos. Salvo que los instrumentos tengan el tamaño de una máquina de imprenta, estimo que debe haber un pequeño error. Cuando estoy a punto de creerme estar frente a un papelón padre, un hombre que apenas diviso me aclara que la gente que busco está en el sótano.
Ahora sí, la sala de ensayo. Ahora sí, los mates. Ahora, si Arbolito.
A paso de músico, se acercan Ezequiel Jusid, (voz, guitarra acústica y guitarra eléctrica) y Diego Fariza (batería y bombo leguero). Antes de apretar REC la ronda de mates da varias vueltas. En lugar de bizcochitos me convidan un puntilloso registro de los ecos que va teniendo “Despertándonos”, el sexto hijo de la banda, que vienen presentando en distintas localidades del país y que a mediados de este año hizo que llegasen al Luna Park.

Echando raíces 
Pequeño Arbolito Ilustrado: dícese de una banda dedicada a la fusión del rock con ritmos folklóricos argentinos y latinoamericanos, que surgió en 1997. Está compuesta por egresados de la Escuela de Música Popular de Avellaneda. Su nombre es elegido en honor al indio ranquel que -según narra Osvaldo Bayer en "Rebeldía y esperanza"- degolla al Coronel Rauch en venganza por el genocidio cometido contra su comunidad.
La fórmula por la cual sus shows generan una irremediable cofradía es “fiesta y alegría”. Con esos ingredientes combaten el desánimo y el pesimismo, y lo baten a mano con letras que desnudan muchas de las injusticias que los medios ni registran.
Tocaron en cientos de plazas, fábricas y espacios recuperados, asambleas, entre otros ámbitos comunitarios similares. Tras varios años de autogestión, en el 2007 firmaron un contrato con una discográfica multinacional (Sony/BMG), hecho que sorprendió y perturbó a más de uno de sus seguidores (Mmm, hola).
Como éste sí es un colectivo en el que vale la pena perderse, ahora sí, aprieto REC y registro lo que escucho.

-Llevan más de diez años de recorrido, muchos de ellos de manera autogestiva y ahora con Sony. ¿Qué fortalezas y debilidades observan en cada uno de esos momentos?
Ezequiel: -La autogestión es fundamental para cualquier banda. Es algo que vamos a estar orgullosos siempre, por haber podido caminar diez años totalmente solos haciendo lo que queríamos, bien o mal, pero sin esperar que venga nadie a darnos nada. A raíz de esa autogestión, es que se acercó Sony a querer editarnos los discos: si no, no hubiésemos estado en una compañía, o hubiésemos estado de otra manera. Para nosotros la autogestión es parte de nuestra identidad.
Diego: -Sony aportó algo que tiene que ver con los discos, a nivel del sonido que se consigue, eso te cambia, está bueno a nivel musical.
Ezequiel retoma la palabra: “Eso es lo más importante que nos da estar con una compañía, y que los discos estén en la disquerías y que no tengamos que estar nosotros pendientes, juntando la guita para hacer más discos. Después, seguimos siendo autogestivos en todo lo que hacemos porque el contrato que tenemos dice que Sony solamente tiene que ver con los discos, no con nuestra carrera ni con los shows"

-¿Tuvieron algún prurito del tipo del “qué dirán”?
D: -Lo pensé desde el público pero también creo que está clarísimo que seguimos haciendo lo que nos gusta hacer: no corrimos el eje ni nada por el estilo. Nos profesionalizamos a nivel sonido, nada más. Estamos contentos porque llegamos a ese lugar, ya puestos en una situación en que podíamos mantener nuestros principios y ellos aceptaron. No hubo peros.
E: -Incluso el primer disco que hicimos con ellos (“Cuando salga el sol”, el anteúltimo) está Moira Millán con un texto que es una patada en los dientes, Osvaldo Bayer, y todo salió como nosotros quisimos, no hubo ningún cuestionamiento. Ellos quieren vender discos y si a nosotros nos va bien, ¿por qué van a querer cambiar lo que somos? Si no, no hubiesen venido a hablarnos. Al principio teníamos esa cuestión con el público porque sabíamos que iban decir ‘eh loco, se vendieron’ pero también sabíamos que cuando saliera el disco íbamos a demostrar que no. Y después seguimos tocando en Zanón, en comunidades, junto a las Madres. Vamos a donde queremos ir.

Ezequiel y Diego me desatan, con simpleza, el nudo que se me había hecho en la garganta desde aquel momento que leí la noticia que los unía a Sony. Sus palabras colocan la hipótesis exactamente en el punto contrario: esa sólida construcción artesanal les permitió aceptar la oferta desde un lugar de fortaleza. Y, al conocer los distintos vericuetos del proceso que va de la composición al disco en la góndola, saber a qué decir sí, y a qué no.

La fiesta y la protesta
Los shows de Arbolito tienen algo que, a falta de palabras más ocurrentes, puede llamársele mística, o fiesta. Ese clima no se interrumpe ni en las más crudas de las canciones. Ezequiel: “Es una característica nuestra. Es una manera de entender la lucha o la resistencia, que es uno de los cambios que vemos en la actualidad: se vive con alegría. No sólo en lo que hacemos nosotros, sino en muchos lugares se está resistiendo, pero con alegría. Es un poco la diferencia con la canción de protesta de los setenta”.
Muchas veces, además, es la lógica que diferencia a muchos partidos políticos de izquierda con los movimientos sociales. Ezequiel lo visualiza mejor: “Ciertos partidos siempre andan con esa cara fruncida y enojados”. Luego, me aporta detalles de su pensamiento: “Si se puede luchar o denunciar, o tratar de cambiar las cosas con alegría, con fiesta, con Fernet, con chicas, mucho mejor”.

-En una de sus canciones (“Sobran”) hablan sobre los políticos pero bien sabemos que todo acto es político. ¿Cuáles les parecen que son los más importantes de Arbolito?
D: -Cada vez que subimos al escenario porque es como un disparador de cosas.
E: -El hecho político es estar haciendo cosas, conscientes de que uno hace lo que quiere y con la ilusión de que las cosas mejoren. Nosotros hacemos música desde ese lugar, no desde una militancia estricta. Sí acompañamos a muchísima gente que milita y hace cosas. Pero nosotros hacemos música pensando que, ojalá, ayude a mejorar las cosas, eso ya es un hecho político: que una canción despegue y alguien se identifique con eso y pueda llevar a alimentar su lucha, está buenísimo.

-¿En qué cosas estamos “Despertándonos”?
-En muchas cosas, más allá de que todavía estamos en el horno: creo que en la conciencia de que se puede cambiar y se puede estar mejor.

-¿De qué manera se sienten parte de ese despertar?
-Sin darnos cuenta, por ejemplo, nos fuimos metiendo en la resistencia de los pueblos originarios, en esa lucha. Sin darnos cuenta porque le pusimos el nombre a la banda como símbolo de esa resistencia pero no éramos militantes del asunto. Y así empezó, a partir de la historia de Osvaldo, empezamos a estar mucho en contacto, nos llamaron de muchas comunidades para participar no sólo de recitales sino de actividades, celebraciones que nos han hecho aprender mucho. Una banda tiene esa ventaja: que mucha gente te pueda escuchar y que eso la movilice a pensar y a hacer algo; a nosotros nos pasa eso muchas veces.

Uno y otro tardan en identificar sus referentes ideológicos hasta que lo hacen y señalan un grupo reducido, justificando cada elección: Bayer, Capusotto, Evo, las Madres y las Abuelas. La charla sigue en una fusión que entremezcla música con palabras claves tales como cambio social, horizontalidad y barrio.
Me despido del colectivo Arbolito para subirme a otro que me arrima a mi casa. Al bajar, al lado del timbre, veo un sticker que potencia todo el encuentro. Dice (transcribo textual): “Si no fuera x la musik, habría + razones para volverse loco”.
Sentí que debía rendirle tributo a la mano que lo pegó.

+Info 
http://www.arbolitofolklore.com.ar/

(Publicada en la revista "MU", noviembre de 2010)

Un golpe al Golpe

“Quién dijo miedo. Honduras de un golpe”

Katia Lara es una cineasta hondureña y la directora de un impecable documental que narra con precisión y contundencia el Golpe de Estado en su país y la épica del pueblo en resistencia. Estrenado mundialmente en Argentina, donde reside como exiliada, pudo ser exhibido en Honduras al cumplirse un año de aquella irrupción que derrocara a Zelaya. Aquí, brinda detalles sobre su trabajo y la situación en su país.

Por Luis Zarranz
-¿Cómo fue el proceso de realización del documental?
-El primer acto del documental da cuenta del ambiente previo al Golpe de Estado a través de un seriado de ficción que Presidencia de la República estaba pautando en la televisión nacional para promover la consulta popular conocida como “Cuarta Urna”, que fue el pretexto de la oligarquía para dar el Golpe. Nuestra empresa, terco Producciones, estaba produciendo estos contenidos. Nuestro trabajo se volvió tan popular que nos convertimos en amenaza. Fuimos víctimas de un asalto a mano armada: nos obligaron a entregar todo nuestro equipo: cámaras, computadoras y archivos. El Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH) calificó el asalto como un hecho político y lo vinculó a la visita que, con el pretexto de solicitar servicios, nos hiciera meses antes el Sr. Billy Joya (fundador del escuadrón paramilitar 3-16 en los años ochenta y posterior ministro asesor de seguridad del gobierno de facto de Roberto Michelleti)
Después del Golpe comenzaron las amenazas hacia mí y dos actores del seriado: Xenia y René (se narran en el filme). El Ejército y la Policía nos quitaron dos cámaras dedicadas al documental, ambas mientras cubríamos la represión. Tres veces debimos mudarnos de lugar de trabajo. En diciembre, tres miembros del equipo decidimos dejar el país para asegurar las 150 horas de material que teníamos registradas y editar en condiciones más normales. El trabajo de post producción del documental se realizó en Buenos Aires durante seis meses, contando con muchísima solidaridad de personas e instituciones, y con el apoyo del INCAA.

-¿Cómo lograron captar tan puntillosamente las imágenes en medio de la censura, la represión y la balacera militar?
-Con terquedad, diría yo, haciendo honor al nombre de “terco Producciones”. Salimos a cubrir desde el primer día Carlos (guatemalteco), Andrés (argentino) y yo. Estábamos confundidos y temerosos. Nos peleábamos por cualquier cosa y todo nos asustaba. Con el pasar de los días, como el resto de hondureños y hondureñas en resistencia, nos fuimos acostumbrando a la incertidumbre, a los escudos de la policía, las tanquetas, los militares armados, los funerales, las bombas lacrimógenas, la sangre, los entierros, los toletazos… Por otro lado, igual que otros sectores, nos unimos de forma inédita: colegas cineastas que en otra circunstancia no se hubiesen sumado (por eso de las disputas en los gremios) respondieron de inmediato y nos apoyaron prestándonos equipos, cubriendo en zonas o momentos donde nosotros no podíamos, pasándonos material, avisándonos cuando sucedía algo importante. Así surgió una hermandad muy grande. Todos y todas estábamos en lo mismo. Por otro lado, al estar integrada al equipo de comunicaciones del Frente de Resistencia contra el Golpe de Estado, tuve la confianza de los compañeros y compañeras: eso nos permitía trabajar “protegidos” y entrar a lugares donde otras cámaras no llegaban.

-¿Cuáles son los efectos más serios que dejó en la sociedad la dictadura de Micheletti?
Violaciones a los derechos humanos: asesinatos, presos políticos, detenciones ilegales, allanamiento a medios de comunicación, etc; un estado en bancarrota: se gastaron los fondos del ALBA, incluso los de las jubilaciones de los maestros y salarios de los empleados del Estado; desempleo; despidos injustificados, especialmente a miembros de la Resistencia; ingobernabilidad; impunidad; el poder militar por encima del poder civil, entre varios otros.
También debemos rescatar su contracara: un nuevo espacio de organización, participación, formación política y movilización: “El Frente Nacional de Resistencia Popular” (FNRP); un trabajo sostenido de denuncia de las violaciones a los derechos humanos a través de la Comisión de Verdad; nuevos sectores organizados: jóvenes y artistas, por ejemplo; una red humana a nivel nacional surgida de la necesidad de responder al bloqueo y la represión; un pueblo que reconoce el momento histórico y está dispuesto a seguir luchando por la Asamblea Nacional Constituyente. Además los cómplices del sistema han tenido que dar la cara. Ahora sabemos “quién es quién” con más claridad.

-¿Cuáles fueron, a tu criterio, las razones para que se haya gestado el Golpe de Estado?
-El miedo de la oligarquía a perder su hegemonía y el de los norteamericanos a perder el control sobre un territorio que le es útil para el negocio del narcotráfico y su escalada armamentista (bases militares) Ese miedo poco a poco se fue personificando en Zelaya a través de varias acciones como cuestionar al FMI, aprobar (el día de la toma de posesión) la ley de participación ciudadana; proponer que la base militar norteamericana de Plamerola, en Comayagua, se convierta en un aeropuerto civil; el aumento histórico al salario mínimo; la adhesión al ALBA; licitar la compra de petróleo; etcétera: demasiado para nuestra oligarquía prehistórica y para los intereses hegemónicos de los gringos.

-¿Qué recorrido ha realizado el documental desde su estreno?
-No he parado de viajar para exhibir la película, sobre una red tejida por la solidaridad y con la sorpresa de encontrarme siempre con la sala llena y muchas preguntas para responder. Comenzamos en Buenos Aires y La Paz simultáneamente el 7 de junio y luego seguimos por Chile, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Francia, Alemania, Bélgica. Llegamos a Honduras para el aniversario del Golpe, el 28 de junio. Ese día tan esperado fue muy emocionante: la gente no veía el documental, ¡lo vivía!, no podías escuchar el sonido, que cada vez subíamos más, porque los compañeros y compañeras –que venían de una marcha– gritaban las consignas, insultaban a los golpistas, lloraban, se reían, comentaban… fue muy emocionante. Ese día a la noche repetimos la presentación al aire libre, cerrando un evento cultural de Artistas en Resistencia. Al día siguiente salimos a otras ciudades y el plan se cumplió muy bien. Yo he seguido viaje: varias presentaciones en México, Estados Unidos. Además el documental ha viajado acompañado de René Amador (el protagonista) quien ahora vive exiliado en Madrid. Últimamente se ha presentado en varias ciudades de Australia y en Austria y recién comenzamos la segunda etapa de difusión, que serán los Festivales, comenzando por el Biarritz. Más allá de los premios, esperamos que mucha gente del mundo pueda seguir enterándose de lo que está pasando en Honduras.

-¿Qué implicancias personales tuvo la realización del documental?
-Dicen que “lo que no mata, engorda”. Obviamente siempre habrá un antes y un después del Golpe en la vida de todos los hondureños y hondureñas, vivamos o no en el país. En mi caso particular tengo que comenzar una nueva vida. Nuestra empresa ha recibido un revés muy fuerte. Estábamos a punto de inaugurar una escuela de formación audiovisual para jóvenes, desarrollando hermosos productos vinculados a nuestra memoria audiovisual, y mi ópera prima de ficción… todo eso se fracturó. También mi vida personal ha cambiado radicalmente, entonces realizar este documental ha implicado arriesgarlo todo. Debo admitir que tengo miedo de volver a Honduras y también me da mucha tristeza el hecho de que nuestra empresa ha sido desmembrada y que tengo que volver a comenzar. Por eso he decidido radicarme en Buenos Aires por un tiempo. Tengo una situación migratoria favorable: “precario de refugiada política” ante CONARE y espero conseguir un trabajo y/o seguir desarrollando mis proyectos desde acá. Seguiré trabajando en “Artistas en Resistencia” y coordinando actividades en el extranjero con la comisión de “trabajo internacional” del FNRP y con mi próximo proyecto documental, “Tierra Colorada” que hace un paralelo entre la existencia de bases militares norteamericanas en mi país y la lucha por la tierra.

+Info

(Publicada en la revista "Sueños Compartidos", noviembre 2010)

martes, 5 de octubre de 2010

Antojo

“Palo” Pandolfo es un artista de largo recorrido, creador de míticas bandas de rock nacional y, actualmente, venerado como músico “de culto”. Arriba del escenario es arrollador y potente, sencillo e intenso. Difícil de encasillar, se desprende de las etiquetas recorriendo diferentes estaciones con el tren de su música.

Por Luis Zarranz

Necesitaba “Palo” Pandolfo para sacudirme el polvo de la rutina.
Fui un jueves al ciclo de shows que durante septiembre ofreció en el Club Artístico Fernández Fierro (Almagro, Ciudad Autónoma de Buenos Aires).
El resultado fue antiperiodístico: me dejó sin palabras. Esta nota es, precisamente, un intento para romper el conjuro.
“Palo” no solo te quita el gris de la cotidianeidad sino que te contagia de una energía abrumadora que penetra por los poros, cual viento fresco en la cara. Fijate, ¿lo sentís?
El tipo parece un antiburócrata del rock, un sopapo a los rockstars que tocan a reglamento y no se corren ni una coma del libreto que les pautan las discográficas.
Antes que el show comience, arranca otro show: el del hombre con que, por suerte o desgracia, compartimos mesa y que hará meritos suficiente como para ser incluido en esta crónica.
Se sienta, pide dos vasos de gin que toma, como quien encuentra un oasis en medio del desierto, hasta la última gota. Sin dejar que el tiempo se le escurra entre los dedos convoca nuevamente a la camarera para repetir el rito: los cuatro vasos yacen sobre la mesa como huellas irrefutables de una borrachera que parece imposible disimular.
No saciado, se levanta con la firmeza de un potrillo y, en la barra, pide otros dos vasos de gin que bebe con idéntica ansiedad. La compostura queda en el pasado. El presente es todo showman.
Mientras “Palo” sale a escena, el hombre del gin se convierte en coprotagonista: “Palooooo”, grita repetidamente, primero entre canción y canción y luego en el medio de éstas; toca, poseídamente, una guitarra imaginaria; eleva la voz y escupe palabras (con gesto y todo) como “fuck you”; y baila con más gracia que ritmo.
Tre-men-do.
Capusotto diría: “Esto es rock”.

Gambeteando el empedrado
“Palo” se planta sobre el escenario con tal naturalidad que pareciera que estuviera tocando en el living de su casa. Desde mi mesa es una mezcla de Mike Amigorena y Flavio Posca. Los rulos le tapan la cara pero no impiden que arrolle con una magnética actitud escénica.
Se mueve con la misma habilidad con que supo quitarse todas las cintas adhesivas con que pretendieron etiquetarlo: en sus casi 30 años de trayectoria dijeron que era pop, rocker, punk, dark, tanguero y folclórico. Quizá un poco de cada cosa, es más bien un vagabundo de estilos pero un músico talentoso que despliega una postura poética, estética y política.
De tanto desmarcarse, gambeteó la masividad, (¿o la masividad lo gambeteó a él?), pero la tribuna lo eligió como un artista “de culto”. De todas formas, poco parecen importante estos adjetivos ahora que la mano zapea frenéticamente la guitarra y su voz sube, baja y se quiebra para componer temas propios y ajenos; de su actual etapa solista o de las bandas que supo crear y desintegrar: Don Cornelio, la Zona y los Visitantes.
La música suena en una trenza de estilos que van del tango a la cumbia. El fondo del Club Artístico Fernández Fierro se convierte en una improvisada pista de baile donde el ritmo adquiere una forma concreta. La premisa es divertirse.
Qué importa que no te sepas la letra ni “cómo” se baila. Te sugiero que te agarres fuerte porque este trencito en cualquier momento descarrila. Ahora correte porque aquel grandote se te viene encima. ¡Daleee! Después no digas que no se te avisó.

Un culto laico
Dentro del público ganan por goleada los sub 30. Ellas y ellos dialogan con “Palo” para sugerirle temas o celebrar alguna que otra intervención. A esta altura, el show ya tiene impreso el tamiz de la versatilidad del músico y su banda. Sencillo y pasional. Potente. La sensación que deja es que no se guarda nada, lo cual -sin considerar su talento y carisma- ya sería mucho para alguien de su recorrido.
Un artista de culto frente a un público laico.
Llegan los bises (“Ella vendrá”, “Estaré”, entre otros) y las mesas quedan desiertas. ¿Qué, te pensabas quedar sentada?
La montaña rusa Pandolfo alcanza su pico más alto. Desde mi lugar registro cómo los músicos también disfrutan el espectáculo, guiados por el comandante “Palo” y su carácter interpretativo único, indócil, rebelde. Es rock de arrabal, una mezcla entre lo clásico y lo moderno.
Suenan los últimos acordes y me detengo, por un instante, en los rostros de los que me rodean para percibir, en ellos también, mi propia búsqueda de dos horas atrás, la huida cobarde donde escapar de la rutina.
Por fin encuentro la pócima: “Palo” Pandolfo es un buen refugio.

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(Publicada en la revista "Sueños Compartidos", octubre 2010)